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Enfermedad Inflamatoria Intestinal Canina

Gravedad: Variable (de leve a moderada según el caso)
Enfermedad Inflamatoria Intestinal Canina
La Enfermedad Inflamatoria Intestinal Canina (EII) es un trastorno crónico caracterizado por la inflamación persistente del tracto gastrointestinal, debida a la infiltración de células inflamatorias en la pared intestinal. Esta inflamación puede afectar diferentes segmentos, como el estómago, el intestino delgado o el grueso, y altera la capacidad del intestino para digerir y absorber nutrientes de manera adecuada. Aunque la causa exacta no siempre se conoce, se cree que intervienen factores inmunológicos, ambientales y alimentarios, así como una predisposición genética en algunas razas. Entre los factores de riesgo destacan el estrés, las dietas inadecuadas o bruscos cambios alimenticios, y ciertas sensibilidades alimentarias. Razas como el Pastor Alemán, Boxer, Shar Pei y Setter Irlandés parecen ser más propensas, aunque puede afectar a perros de cualquier edad o raza. La EII suele evolucionar de forma intermitente, alternando periodos de síntomas agudos y fases de aparente mejoría, lo que puede dificultar su detección temprana y su manejo a largo plazo.

Síntomas

  • Vómitos crónicos
  • Diarrea persistente
  • Pérdida de peso progresiva
  • Pérdida de apetito o apetito irregular
  • Flatulencia frecuente
  • Ruidos intestinales aumentados (borborigmos)
  • Heces con moco o sangre
  • Dolor abdominal o incomodidad al tacto
  • Deshidratación en casos avanzados
  • Letargo o decaimiento

Tratamiento

El diagnóstico de la EII requiere una valoración veterinaria completa, que puede incluir análisis de sangre, pruebas fecales, ecografías y, en ocasiones, biopsias intestinales. El tratamiento suele basarse en una dieta de eliminación o hipoalergénica, el uso de medicamentos antiinflamatorios como corticosteroides y, en casos más severos, inmunosupresores. El apoyo con probióticos y suplementos de vitamina B12 es útil si existe malabsorción. Todo el proceso debe estar supervisado por un veterinario, adaptando el tratamiento según la respuesta del perro.

Prevención

Aunque no existe una prevención específica para la EII, se recomienda mantener una alimentación equilibrada y de calidad, evitar cambios bruscos de dieta y reducir situaciones de estrés en la vida del perro. Es importante realizar revisiones veterinarias periódicas y observar cualquier cambio en los hábitos digestivos. Ante síntomas persistentes, acudir al veterinario ayuda a detectar y controlar la enfermedad de forma precoz.

Autoría y revisión

Contenido elaborado con fuentes veterinarias y revisado editorialmente por el equipo de Zarpanet.

Última actualización: junio de 2026.

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Fuentes y referencias

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