Rascadores para gatos: tipos y cómo elegir el adecuado
Elegir un buen rascador no consiste solo en comprar uno de sisal y colocarlo en cualquier rincón. La altura, la estabilidad, la textura y la posición influyen mucho en que el gato lo use. Observar cómo rasca ayuda a escoger el formato más adecuado.
Compras un rascador nuevo, lo montas con ilusión y el gato vuelve directo al sofá. No siempre significa que lo ignore por capricho: quizá prefiere otra textura, otra orientación o simplemente rascar justo donde has colocado el mueble que más utiliza.
La altura, la estabilidad, la orientación y el material influyen en que un gato acepte un rascador. Observar cómo y dónde rasca ayuda a elegir una opción que realmente quiera utilizar.
Hay gatos que ignoran durante semanas un rascador nuevo de diseño impecable y, en cambio, utilizan cada día la esquina del sofá. No lo hacen para fastidiarnos ni porque el mueble les parezca especialmente caro. Normalmente hay una explicación bastante más sencilla: el sofá les ofrece algo que el rascador no les está dando.
Puede ser más alto, más estable, tener una textura que les gusta o encontrarse justo en el lugar donde sienten la necesidad de marcar. Y ahí está una de las claves para elegir bien un rascador: no basta con comprar uno y colocarlo en cualquier rincón de la casa.
Rascar es una conducta normal del gato. Le permite estirar buena parte del cuerpo, mantener las uñas retirando las capas externas de la garra y dejar señales visuales y olfativas en su entorno. La American Animal Hospital Association (AAHA) recuerda además que las glándulas situadas en las patas participan en ese marcaje y considera necesario ofrecer superficies adecuadas para que el gato pueda expresar este comportamiento sin recurrir necesariamente a muebles, alfombras o cortinas.
La Feline Veterinary Medical Association (FelineVMA) incluye las superficies de rascado entre los recursos ambientales fundamentales que deberían estar disponibles para los gatos dentro de casa.
Por eso, antes de preguntarnos cuál es «el mejor rascador», conviene observar algo mucho más útil:
¿Cómo, dónde y sobre qué le gusta rascar a nuestro gato?
Un buen rascador vertical debe permitir que el gato estire el cuerpo cómodamente y mantenerse firme mientras ejerce fuerza con las patas delanteras.
Antes de comprar nada, observa cómo rasca
La respuesta suele estar delante de nosotros.
Un gato que estira todo el cuerpo para arañar el lateral del sofá probablemente está mostrando una clara preferencia por una superficie vertical. Otro que rasca la alfombra nada más despertarse puede sentirse mucho más cómodo con una superficie horizontal. También hay gatos que utilizan ambas dependiendo del momento.
El Cornell Feline Health Center de la Cornell University College of Veterinary Medicine recomienda precisamente observar la orientación y el material que utiliza espontáneamente el gato antes de elegir un rascador. Un gato que busca cortinas o superficies verticales puede preferir postes altos; uno que araña alfombras puede sentirse más atraído por cartón o superficies horizontales.
Esa observación inicial puede ahorrarnos bastantes compras inútiles.
Si suele rascar...
Merece la pena probar...
El lateral del sofá.
Poste vertical alto y estable, preferiblemente cerca del sofá.
La alfombra.
Rascador horizontal de cartón, fibra o material similar.
Esquinas y muebles verticales.
Poste, tabla vertical o rascador fijado a pared.
Superficies ligeramente inclinadas.
Rascador inclinado.
Diferentes zonas de la casa.
Varios formatos y ubicaciones en lugar de un único rascador.
No se trata de copiar exactamente aquello que está arañando. Se trata de entender qué característica busca.
Rascadores verticales: probablemente los más conocidos
El poste vertical es el rascador clásico.
Puede funcionar muy bien porque permite al gato apoyar las patas delanteras, estirar el cuerpo y ejercer bastante fuerza mientras rasca.
Pero aquí aparece un problema frecuente: muchos postes son demasiado pequeños.
Un gato adulto coloca las patas, intenta estirarse y llega inmediatamente a la parte superior. No consigue completar el movimiento y termina regresando al brazo del sofá, donde sí puede alargarse todo lo que necesita.
Cornell recomienda que el poste sea, como mínimo, suficientemente alto para que el gato pueda estirarse por completo sobre las patas traseras con las delanteras extendidas. También debe permanecer firme mientras el animal tira de él.
En la práctica, buscaría un modelo que permita:
Estirar completamente el cuerpo.
Rascar sin que la estructura se balancee.
Apoyar bastante peso sobre la superficie.
Continuar utilizándolo cuando alcance el tamaño adulto.
Un poste bonito de 40 centímetros puede resultar razonable para un gatito muy pequeño, pero quedarse corto sorprendentemente rápido.
Los rascadores horizontales pueden ser especialmente adecuados para gatos que prefieren arañar alfombras, felpudos u otras superficies situadas a ras de suelo.
La estabilidad importa más de lo que parece
Imaginemos que el gato utiliza por primera vez su nuevo rascador.
Se levanta sobre las patas posteriores, engancha las delanteras y tira hacia abajo.
El poste se inclina.
La siguiente vez puede que decida no acercarse.
La American Animal Hospital Association (AAHA) señala expresamente que los rascadores deberían estar bien estabilizados, ya que una estructura que se mueve o cae puede hacer que el gato deje de utilizarla.
Esto es especialmente importante con gatos grandes o musculosos.
Un Maine Coon, Bosque de Noruega, Ragdoll o un gato común de seis o siete kilos puede ejercer bastante fuerza. La base tiene que soportarlo.
La solución tampoco consiste necesariamente en comprar el modelo más pesado del mercado. Algunos rascadores pueden fijarse firmemente a una pared o formar parte de estructuras más grandes.
Lo importante es que, cuando el gato tire, el rascador no huya con él.
Rascadores horizontales: no son una alternativa de segunda categoría
A veces pensamos en ellos como pequeños accesorios de cartón que compramos cuando no cabe un poste.
Pero para determinados gatos pueden ser justo lo que necesitan.
Un gato que rasca alfombras, felpudos o el suelo probablemente está diciendo bastante claramente que prefiere trabajar en horizontal.
Los modelos más habituales son de:
Cartón ondulado.
Sisal plano.
Tejidos resistentes.
Madera preparada para este uso.
La American Animal Hospital Association (AAHA) recomienda ofrecer inicialmente tanto superficies verticales como horizontales para descubrir las preferencias individuales del gato.
Además, un estudio con 2.465 cuidadores encontró menos informes de rascado no deseado en hogares donde se ofrecían superficies horizontales y sisal, además de varios puntos de rascado.
Eso no convierte al rascador horizontal en el modelo perfecto para todos.
Significa que merece la pena ofrecer opciones.
Los árboles rascadores combinan superficies para rascar con altura, descanso y observación, por lo que pueden resultar especialmente útiles en hogares con poco espacio.
Rascadores inclinados: ese punto intermedio que algunos gatos prefieren
No todos los gatos quieren rascar completamente de pie ni completamente sobre el suelo.
Un rascador inclinado ofrece una posición intermedia y puede funcionar especialmente bien en animales que buscan esquinas de sofá, rampas o superficies con cierto ángulo.
También puede ser una opción interesante cuando el gato tiene movilidad reducida y un poste completamente vertical le resulta incómodo.
La ventaja es sencilla: podemos colocar peso sobre él sin necesidad de una estructura enorme, pero sigue permitiendo un buen movimiento de extensión.
Si nuestro gato ignora tanto el poste vertical como el cartón plano, probaría un modelo inclinado antes de concluir que «no le gustan los rascadores».
Torres y árboles rascadores: varias funciones en una sola estructura
Un árbol para gatos puede incorporar poste rascador, plataformas, camas, escondites y zonas elevadas.
Bien diseñado, puede ser uno de los recursos más útiles de la vivienda.
Pero no todos los árboles cumplen bien la función de rascador.
Algunos están llenos de plataformas pero el tramo de sisal es tan corto que el gato no puede estirarse. Otros tienen postes finos que se mueven cuando el animal tira de ellos.
Una encuesta internacional con 4.331 propietarios de gatos publicada en el Journal of Feline Medicine and Surgery encontró que los gatos utilizaban con mayor frecuencia determinados rascadores verticales simples y árboles para gatos de al menos dos niveles y aproximadamente 3 pies —unos 90 centímetros— de altura. El mismo estudio encontró preferencias individuales y diferencias relacionadas con edad y material.
Eso no significa que tengamos que comprar obligatoriamente una torre de 90 centímetros.
Sí nos dice algo útil: altura, estabilidad y diseño funcional importan.
Un árbol rascador debería servir realmente para rascar, no únicamente para dormir encima.
Colocar el rascador cerca del mueble que el gato ya intenta arañar puede facilitar que empiece a utilizar la alternativa adecuada sin necesidad de castigos.
Rascadores de pared: especialmente útiles cuando falta espacio
En un piso pequeño pueden resultar una opción excelente.
Una tabla de sisal o material similar fijada correctamente a la pared ocupa muy poco suelo y permite elegir exactamente la altura.
También puede utilizarse en zonas estratégicas donde el gato ya está rascando.
Por ejemplo, si insiste en una esquina del pasillo, podemos instalar allí una superficie apropiada en lugar de colocar un poste enorme en mitad del paso.
Eso sí: la fijación debe ser segura.
Un rascador de pared mal instalado puede desprenderse cuando el gato tire con fuerza.
No confiaría únicamente en adhesivos débiles para una estructura destinada precisamente a soportar presión repetida.
Cartón: barato, sencillo y sorprendentemente popular
Algunos gatos ignoran rascadores bastante caros y destruyen con entusiasmo un bloque de cartón de diez euros.
No hay ningún problema en ello.
El cartón ondulado permite introducir las uñas y produce una resistencia particular que resulta atractiva para muchos gatos. Además, podemos encontrarlo en formato horizontal, inclinado e incluso integrado en camas y curvas.
Tiene, eso sí, una característica evidente:
Se desgasta.
Cuando empieza a deshacerse podemos retirar las partes sueltas y sustituirlo cuando haya perdido demasiada estructura.
No esperaría a que prácticamente solo quedaran restos desperdigados por el suelo.
La ventaja es que suele ser barato y facilita tener varios puntos de rascado distribuidos por la vivienda.
Sisal: una de las opciones más interesantes
La cuerda y el tejido de sisal aparecen en muchísimos rascadores.
Y no es únicamente una moda comercial.
En el estudio internacional publicado en el Journal of Feline Medicine and Surgery, la cuerda fue el material utilizado con mayor frecuencia cuando estaba disponible para los gatos participantes.
Otro estudio posterior encontró también una asociación entre ofrecer sisal y menos informes de rascado no deseado.
No significa que todos los gatos prefieran sisal.
De hecho, ese mismo conjunto de investigaciones muestra justamente lo contrario: existen preferencias individuales.
Pero cuando no conocemos todavía al gato, un buen poste de sisal es una opción razonable para empezar.
Después observamos.
Cuerda de sisal y tejido de sisal no se sienten igual
Conviene hacer una pequeña distinción.
La cuerda de sisal forma anillos alrededor del poste y crea una superficie bastante marcada. Con el uso puede empezar a separarse o deshilacharse.
El tejido de sisal ofrece una superficie más uniforme y suele soportar bastante bien el uso continuado.
Algunos gatos tienen una preferencia evidente por uno de ellos.
Si el poste viejo de cuerda está destrozado y el gato ignora el nuevo de tejido, no asumiría inmediatamente que está siendo caprichoso.
Quizá hemos cambiado precisamente la textura que más le gustaba.
¿Y los rascadores de alfombra?
Pueden funcionar.
Especialmente si el gato ya muestra preferencia por tejidos y superficies similares.
Pero hay una posible desventaja práctica: si intentamos enseñarle que determinada alfombra no debe rascarse mientras le ofrecemos un rascador cubierto con un material prácticamente idéntico, la diferencia puede resultar poco clara desde nuestra perspectiva humana.
Eso no significa que utilizar alfombra como sustrato sea incorrecto.
De hecho, el estudio de 2016 encontró que los gatos geriátricos de entre 10 y 14 años mostraban una preferencia mayor por este material que los gatos más jóvenes.
Puede haber múltiples explicaciones, incluida la experiencia previa o cambios físicos asociados a la edad.
Lo importante nuevamente es observar al individuo.
La madera también puede gustarles
Algunos gatos buscan marcos de puertas, muebles de madera o troncos.
Podemos proporcionar superficies de madera específicamente preparadas para rascar siempre que sean estables y no presenten astillas, clavos, barnices deteriorados u otros riesgos.
No utilizaría cualquier trozo de madera encontrado en la calle y lo colocaría directamente en el salón.
Un rascador casero puede funcionar perfectamente, pero debe construirse con el mismo criterio de seguridad que uno comercial.
¿Cuál es entonces el mejor material?
No existe uno universal.
Una forma más útil de pensarlo sería esta:
Material
Ventajas
Qué vigilar
Sisal.
Resistente, permite enganchar bien las uñas y gusta a muchos gatos.
Desgaste de la cuerda o piezas desprendidas.
Cartón.
Económico, ligero y muy atractivo para algunos gatos.
Se degrada rápidamente y genera restos.
Alfombra o tejido.
Puede resultar familiar y agradable.
Hilos sueltos y dificultad para diferenciarlo de algunas superficies domésticas.
Madera.
Resistente y cercana a superficies naturales.
Astillas, tratamientos químicos y estabilidad.
Combinaciones.
Permiten ofrecer varias texturas en una estructura.
Que cada zona sea realmente accesible y utilizable.
La mejor respuesta la dará el propio gato.
El rascador perfecto puede fracasar si está en el lugar equivocado
Esta probablemente sea una de las partes más importantes del artículo.
Compramos un magnífico rascador.
Lo colocamos en una habitación apartada para que no moleste.
El gato continúa utilizando el sofá del salón.
Y pensamos que no le interesa.
Pero el gato no eligió el lateral del sofá únicamente por su textura. También eligió dónde está.
Los gatos rascan en zonas social y territorialmente relevantes. Además, muchos lo hacen después de despertarse.
La American Animal Hospital Association (AAHA) recomienda colocar rascadores donde el gato pasa tiempo, juega o descansa, mientras que sus guías de etapa vital sugieren situarlos cerca de zonas de descanso y rutas frecuentadas.
Por eso son especialmente buenos candidatos:
Cerca de una cama o zona habitual de descanso.
Junto al sofá que ya utiliza.
En lugares de paso.
Cerca de ventanas o zonas donde pasa bastante tiempo.
En áreas sociales donde convive con la familia.
No escondería todos los rascadores detrás de una puerta.
Para nosotros pueden ser accesorios.
Para el gato son parte de su territorio.
Si rasca el sofá, utiliza esa información
Supongamos que cada mañana el gato se levanta y rasca el mismo lateral del sofá.
Podemos enfadarnos.
O podemos aprovechar la pista.
Colocamos un rascador adecuado justo al lado de esa zona. Intentamos que coincida en orientación y, cuando sea posible, que tenga una textura que resulte atractiva.
Mientras aprende podemos proteger temporalmente el sofá.
Cornell recomienda precisamente colocar el rascador junto al lugar que el gato ya utiliza y trasladarlo gradualmente más adelante si queremos modificar ligeramente su ubicación.
Este enfoque suele tener mucho más sentido que llevar al gato tres metros hasta el poste cada vez que toca el sofá.
No hace falta agarrarle las patas y enseñarle a rascar
Es una práctica bastante extendida.
Cogemos al gato.
Lo colocamos delante del rascador.
Sujetamos sus patas delanteras y simulamos el movimiento.
No es necesario y a algunos gatos puede resultarles desagradable.
Es mucho mejor crear interés en el objeto.
Podemos jugar cerca del rascador con una caña, colocar algún premio alrededor o utilizar catnip cuando sabemos que el gato responde a él.
Cuando lo utiliza espontáneamente, podemos reforzarlo.
La Feline Veterinary Medical Association (FelineVMA) recomienda el refuerzo positivo para enseñar comportamientos deseados; la recompensa debería aparecer inmediatamente después de la conducta para que el gato pueda establecer la asociación.
El estudio de 2022 sobre rascado doméstico también encontró menos informes de rascado no deseado entre propietarios que recompensaban el uso de superficies apropiadas.
Castigar el rascado suele solucionar poco
Gritar.
Dar una palmada.
Pulverizar agua.
Asustar al gato cuando se acerca al sofá.
Además de afectar a la relación, estas estrategias no enseñan qué debería hacer en su lugar.
En el estudio publicado en Animals en 2022, los propietarios que utilizaban correcciones verbales o físicas informaban de una mayor frecuencia de rascado no deseado, mientras que proporcionar alternativas y reforzar su uso se asociaba con menos problemas. Como se trata de un estudio observacional, eso no permite afirmar causalidad, pero los resultados coinciden con las recomendaciones actuales de manejo mediante recursos adecuados y refuerzo positivo.
El objetivo no debería ser conseguir que el gato tenga miedo de tocar el sofá cuando estamos presentes.
Debería ser conseguir que el rascador resulte una alternativa mejor.
Un único rascador puede ser insuficiente
Un gato puede rascar por diferentes razones y en distintos momentos.
Puede querer hacerlo después de dormir en el dormitorio, durante una sesión de juego en el salón y al pasar por una zona concreta del pasillo.
Esperar que atraviese toda la casa para utilizar un único poste quizá sea pedir demasiado.
La Feline Veterinary Medical Association (FelineVMA) recomienda proporcionar múltiples recursos ambientales y distribuirlos por el territorio. En hogares con varios gatos, esos recursos deberían además estar separados para evitar que un individuo pueda bloquear el acceso de otro.
No existe una fórmula matemática de «X rascadores por gato» aplicable a todos los hogares.
Pensaría más bien en zonas de uso.
Un piso pequeño con un gato podría funcionar perfectamente con un buen poste vertical y una superficie horizontal en otra zona.
Una casa grande con tres gatos probablemente necesite bastante más.
En una casa con varios gatos, repartir importa mucho
Podemos tener cuatro magníficos rascadores colocados todos juntos.
Desde nuestra perspectiva tenemos cuatro.
Desde la del gato quizá tenemos una única zona de rascado.
Si dos gatos tienen una relación tensa, uno podría evitar esa zona cuando el otro está cerca.
Por eso tiene sentido distribuirlos por diferentes habitaciones o rutas.
Las recomendaciones ambientales de la Feline Veterinary Medical Association (FelineVMA) indican que comida, agua, areneros, zonas de descanso, juego y superficies de rascado deben distribuirse de modo que los gatos puedan utilizarlos sin sentirse bloqueados por otros animales.
Esto también ayuda a entender algo importante:
un gato que empieza a rascar un lugar nuevo no necesariamente está «portándose peor».
Quizá ha cambiado la dinámica dentro de la casa.
Gatitos: cuanto antes tenga superficies adecuadas, mejor
Un gatito no necesita esperar a ser adulto para disponer de un rascador.
Las guías de etapas vitales de la American Animal Hospital Association (AAHA) y la entonces American Association of Feline Practitioners (AAFP) recomiendan ofrecer postes y diferentes superficies de rascado desde la llegada del gatito al hogar.
Podemos empezar con estructuras pequeñas, pero pensando en que crecerá.
Si compramos un poste vertical, merece la pena elegir uno que siga siendo útil cuando alcance su tamaño adulto.
Durante esta etapa resulta interesante ofrecer distintas texturas y orientaciones. Así podemos descubrir pronto qué prefiere en lugar de esperar a que nos lo explique utilizando el sofá.
Gatos adultos: no cambies lo que ya funciona sin necesidad
Tenemos un poste viejo, feo y completamente arañado.
Compramos uno nuevo.
Retiramos el antiguo.
El gato ignora el nuevo.
Aquí hemos cometido un pequeño error de interpretación.
Para nosotros el poste viejo estaba destrozado.
Para el gato estaba perfectamente utilizado.
Cornell recomienda expresamente no retirar de inmediato un rascador muy usado simplemente porque tenga un aspecto deteriorado: las señales visuales y olfativas acumuladas pueden contribuir a que siga resultando atractivo.
Cuando necesitemos sustituirlo, puede resultar útil mantener ambos durante un tiempo.
Colocamos el nuevo junto al antiguo.
Esperamos a que empiece a utilizarlo.
Después retiramos progresivamente el anterior cuando realmente haya perdido seguridad o funcionalidad.
Gatos senior: el mejor rascador puede cambiar con los años
Un gato de quince años puede seguir necesitando rascar exactamente igual que antes.
Lo que puede cambiar es su capacidad física para hacerlo.
La artrosis y otras alteraciones musculoesqueléticas pueden hacer que un poste muy alto o una posición completamente vertical resulte menos cómoda.
Resulta interesante que el estudio de más de 4.000 gatos encontrara una mayor preferencia por superficies de alfombra entre gatos de 10 a 14 años, mientras que otros grupos mostraban mayor uso de cuerda. Los investigadores plantearon que la edad y otros factores podían contribuir a esas diferencias.
No utilizaría esa observación como una regla para comprar automáticamente alfombra a todos los seniors.
Sí la utilizaría como recordatorio de que las preferencias pueden cambiar.
En un gato mayor podemos probar:
Una superficie horizontal.
Un rascador inclinado.
Material algo más cómodo para sus patas.
Un poste más accesible.
Rascadores cerca de sus lugares de descanso para evitar desplazamientos innecesarios.
Si deja bruscamente de rascar, saltar o realizar conductas que siempre había hecho, conviene considerar también dolor u otros problemas médicos.
¿Cómo sé que un rascador es demasiado pequeño?
Hay una comprobación bastante sencilla.
Observa al gato utilizarlo.
Si tiene que encoger el cuerpo, llega inmediatamente al final o no puede realizar un estiramiento completo, probablemente necesitamos algo más grande.
En modelos horizontales sucede algo parecido: debería poder adoptar una postura cómoda sin estar constantemente fuera de la superficie.
No compraría únicamente siguiendo etiquetas de «pequeño, mediano o grande».
Un gato común europeo grande puede necesitar una estructura mayor que determinados gatos de raza.
Mirar al individuo siempre funciona mejor.
¿Cómo saber cuándo toca cambiarlo?
Un rascador debe parecer utilizado.
Eso es precisamente lo que queremos.
No lo sustituiría únicamente porque esté feo.
Sí empezaría a preocuparme cuando el desgaste afecte a su seguridad.
Estado
Qué haría
Sisal marcado pero firme.
Seguir utilizándolo.
Cartón desgastado pero todavía compacto.
Puede continuar en uso.
Cuerda ligeramente abierta.
Vigilar y reparar si es posible.
Largos trozos de cuerda desprendidos.
Reparar o sustituir.
Poste que empieza a moverse.
Ajustar inmediatamente la estructura.
Madera astillada o tornillos expuestos.
Retirar hasta repararlo.
Base rota o inestable.
Sustituir o reparar antes de permitir su uso.
Un rascador desgastado puede ser fantástico.
Un rascador inestable no.
Rascadores caseros: pueden ser excelentes
No hace falta gastar una fortuna.
Podemos construir uno con una base resistente, madera adecuada y sisal bien fijado.
También podemos crear superficies horizontales con cartón o paneles específicamente preparados.
Lo importante es que el resultado sea:
estable, resistente y libre de elementos que puedan producir lesiones.
Revisaría especialmente tornillos, grapas, pegamentos accesibles, astillas, bordes cortantes y cuerdas mal sujetas.
Y recordaría algo importante: si construimos un poste vertical, tiene que soportar el tirón de un gato adulto.
Un proyecto artesanal precioso que se cae la primera vez que lo utiliza habrá servido de poco.
¿El catnip ayuda?
En gatos sensibles a la hierba gatera puede resultar útil para aumentar el interés inicial por un rascador.
Cornell menciona el uso de catnip como una posible herramienta para atraer a gatos reacios a nuevas superficies.
Pero no todos responden.
La reacción tiene un componente genético y algunos gatos simplemente muestran poco o ningún interés.
En esos casos podemos utilizar juego o recompensas.
No impregnaría toda la casa buscando desesperadamente que funcione.
Si el rascador tiene buen tamaño, textura y ubicación, muchas veces no necesita ningún atractivo extra.
La pequeña historia del rascador que nadie quería
Imaginemos a Nina, una gata ficticia que siempre rasca el lateral izquierdo del sofá después de dormir.
Su familia compra un magnífico poste de sisal.
Es alto.
Estable.
Bonito.
Y completamente ignorado.
Durante un mes permanece junto a una estantería al otro lado del salón.
Finalmente deciden moverlo.
Lo colocan exactamente delante de la esquina que Nina utiliza cada mañana.
Dos días después aparecen las primeras marcas en el sisal.
Durante las semanas siguientes empiezan a premiarla cuando lo utiliza y protegen temporalmente la zona del sofá.
El rascador no cambió.
Cambió el contexto.
Esta es probablemente una de las ideas más importantes de todo el artículo.
Cuando un gato rechaza un rascador, antes de comprar otro conviene revisar altura, estabilidad, material, orientación y ubicación.
Muchas veces el problema está ahí.
Elegir un rascador en cinco pasos
Si tuviera que comprar uno desde cero, seguiría este orden.
Primero observaría cómo rasca. Si utiliza alfombras, empezaría probando horizontal. Si busca muebles verticales, un poste alto tendría más sentido.
Después elegiría un material razonablemente atractivo. Sisal y cartón son buenos puntos de partida, pero no descartaría otras superficies si el gato demuestra preferencias diferentes.
Comprobaría el tamaño. En vertical debe permitir un estiramiento completo; en horizontal debe ofrecer superficie suficiente para colocarse cómodamente.
Probaría la estabilidad. Un poste que podemos volcar fácilmente con una mano probablemente tampoco convencerá a un gato grande.
Y finalmente decidiría dónde colocarlo. Cerca del lugar donde ya rasca, descansa o pasa buena parte de su tiempo.
Ese último paso suele olvidarse.
Y puede ser el más importante.
Errores frecuentes al elegir y utilizar un rascador
Comprar únicamente por diseño y no por funcionalidad.
Elegir un poste demasiado bajo.
Aceptar una estructura que se balancea.
Colocarlo en una habitación que el gato apenas utiliza.
Ofrecer únicamente orientación vertical cuando prefiere horizontal.
Tener un único punto de rascado en una vivienda grande.
Reñir al gato por utilizar el sofá sin ofrecer una alternativa equivalente cerca.
Retirar inmediatamente un poste viejo que todavía utiliza.
Obligarlo físicamente a rascar moviendo sus patas.
No adaptar las superficies cuando envejece o aparecen problemas de movilidad.
El mejor rascador es el que tu gato realmente utiliza
Podemos analizar materiales, tamaños y estudios, pero al final existe una prueba bastante sencilla.
El gato se acerca.
Se estira.
Clava las uñas.
Rasca con fuerza.
Y vuelve otro día.
Eso significa que hemos acertado.
Quizá sea un impresionante árbol de varios niveles.
Quizá sea un poste de sisal.
O quizá sea una pieza horizontal de cartón bastante poco elegante colocada junto al sofá.
No importa demasiado.
El objetivo del rascador no es decorar nuestra casa. Es ofrecer al gato un lugar donde pueda realizar una conducta que necesita realizar de todas formas.
Y ahí cambia por completo nuestra manera de afrontar el problema.
Ya no preguntamos cómo conseguir que deje de rascar.
Preguntamos:
¿Dónde queremos que pueda hacerlo?
Cuando proporcionamos una superficie suficientemente grande, estable, atractiva y colocada en un lugar que tenga sentido para él, dejamos de luchar contra una conducta natural y empezamos a dirigirla hacia un sitio compatible con la convivencia.
La investigación disponible respalda precisamente esa estrategia. Proporcionar diferentes superficies, incluir sisal y opciones horizontales, ofrecer varios puntos de rascado y reforzar su utilización se ha asociado con menos rascado no deseado en estudios de gatos que viven en hogares.
Por eso, antes de culpar al gato porque sigue utilizando el sofá, merece la pena mirar el rascador que hemos elegido.
Puede que el gato lleve semanas explicándonos exactamente qué necesita.
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