Primeros días con un cachorro en casa: cómo ayudarle a adaptarse
La llegada de un cachorro llena la casa de ilusión, pero para él supone abandonar todo lo que conocía y empezar de cero en un lugar extraño. Durante sus primeros días necesitará algo más importante que aprender órdenes: calma, descanso, rutinas sencillas y una familia capaz de acompañarlo con paciencia mientras descubre su nuevo hogar.
Los primeros días con un cachorro pueden traer dudas, noches interrumpidas, mordiscos y pequeños accidentes dentro de casa. En esta guía encontrarás cómo preparar su llegada, organizar las primeras rutinas, afrontar la primera noche, iniciar su educación y ayudarlo a adaptarse sin prisas ni castigos.
Los primeros días de un cachorro deben centrarse en la calma, el descanso y la creación de rutinas que le ayuden a sentirse seguro en su nuevo hogar.
La llegada de un cachorro suele imaginarse como un momento perfecto: juegos, fotografías, una cama nueva y una casa llena de ilusión. La realidad también incluye noches interrumpidas, pequeños charcos en el suelo, mordiscos en los cordones y un animal que todavía no comprende dónde está ni qué se espera de él.
Para la familia es el comienzo de una etapa emocionante. Para el cachorro, en cambio, supone separarse de un entorno conocido, dejar atrás olores familiares y entrar de repente en un lugar lleno de voces, habitaciones, objetos y normas nuevas.
Durante los primeros días no necesita aprenderlo todo. Necesita sentirse seguro, descansar, conocer la casa poco a poco y descubrir que las personas que ahora lo cuidan son pacientes y predecibles. La educación llegará, pero primero debe construirse la confianza.
Los primeros días, de un vistazo
Momento
Prioridad principal
Qué conviene evitar
Primeras horas
Calma, agua, exploración limitada y descanso
Visitas, ruido y recorrer toda la casa
Primera noche
Cercanía, seguridad y salidas para hacer sus necesidades
Dejarlo llorar durante horas o castigarlo
Primeros tres días
Rutinas sencillas de comida, sueño y salidas
Exigir obediencia o presentar demasiadas novedades
Primera semana
Revisión veterinaria, socialización segura y hábitos básicos
Parques caninos, perros desconocidos y experiencias forzadas
Primeras semanas
Confianza, refuerzo positivo y adaptación gradual
Gritos, tirones, castigos y cambios constantes
Esta tabla no es un calendario rígido. Algunos cachorros investigan la casa desde el primer minuto; otros necesitan varios días para alejarse de su cama con tranquilidad. Ninguno de los dos comportamientos significa que algo vaya mal.
Antes de que el cachorro entre por la puerta
La adaptación empieza antes de su llegada. Preparar la vivienda reduce accidentes y evita que toda la familia pase las primeras horas quitándole objetos de la boca.
Conviene revisar especialmente:
Cables eléctricos.
Medicamentos.
Productos de limpieza.
Plantas que puedan ser peligrosas.
Bolsas, hilos y gomas.
Objetos pequeños que pueda tragar.
Cubos de basura.
Comida humana.
Huecos detrás de muebles o electrodomésticos.
Escaleras, balcones y ventanas.
No hace falta guardar cada objeto de la casa para siempre. Durante las primeras semanas, sin embargo, el cachorro todavía explora con la boca y no distingue entre un mordedor y el mando a distancia. Preparar una zona segura permite supervisarlo mejor y evita que cada descubrimiento termine con un “¡no!” pronunciado desde la otra punta del salón. Las recomendaciones veterinarias insisten en asegurar cables, sustancias químicas, plantas y objetos pequeños antes de darle acceso libre a la vivienda.
También es útil tener preparados:
Cama o manta.
Comedero y bebedero.
Alimento para cachorros.
Arnés o collar adecuados.
Correa ligera.
Mordedores seguros.
Juguetes sencillos.
Limpiador enzimático.
Transportín, parque o barrera si se van a utilizar.
Cartilla veterinaria y documentación disponible.
La llegada a casa: menos emoción y más calma
Cuando por fin llega, es normal que toda la familia quiera tocarlo, llamarlo y enseñarle cada habitación. Para el cachorro, esa bienvenida puede resultar abrumadora.
Lo mejor es llevarlo primero al lugar elegido para que haga sus necesidades y después permitirle conocer una zona pequeña de la casa. Puede olfatear, beber agua y acercarse a las personas cuando se sienta preparado.
No hace falta seguirlo constantemente con juguetes ni intentar animarlo si se queda quieto. Un cachorro cansado o inseguro puede tumbarse, esconderse o parecer poco interesado. Lo que necesita en ese momento no es entretenimiento, sino tiempo para procesar el cambio.
Un ejemplo frecuente es el cachorro que llega muy activo, corre por el salón durante media hora y después se duerme profundamente. La familia interpreta esa actividad como confianza, cuando muchas veces también puede ser una respuesta a la excitación y al exceso de estímulos. Por eso conviene alternar los pequeños momentos de exploración con periodos reales de descanso.
Crear una zona segura
Una zona segura no debe utilizarse como castigo. Es un espacio donde el cachorro puede dormir, morder sus juguetes y alejarse del movimiento de la casa.
Puede prepararse con:
Una cama.
Una manta con olor conocido.
Agua.
Uno o dos juguetes.
Un mordedor apropiado.
Una barrera o parque, si es necesario.
No es recomendable llenarla de objetos. Demasiados juguetes, sonidos y texturas pueden dificultar que se relaje.
Si se utiliza un transportín o una jaula doméstica, la adaptación debe hacerse mediante asociaciones positivas. La puerta puede permanecer abierta al principio, colocando dentro una cama y pequeñas recompensas. No se debe empujar al cachorro, encerrarlo antes de que se sienta cómodo ni dejarlo llorar durante largos periodos con la intención de que “se acostumbre”.
El transportín es una herramienta útil para los desplazamientos, las visitas veterinarias y algunos momentos de descanso, pero no tiene por qué convertirse en el centro de toda la convivencia. También pueden utilizarse parques, habitaciones acondicionadas o barreras.
La primera noche
La primera noche suele ser uno de los momentos más difíciles. El cachorro ha dormido hasta entonces cerca de su madre o de otros perros y, de repente, se encuentra solo en un lugar desconocido.
Puede llorar, moverse, buscar compañía o despertarse varias veces. No lo hace para manipular a nadie. Está intentando recuperar la seguridad que ha perdido temporalmente.
Durante las primeras noches, su cama, parque o transportín pueden colocarse cerca de la persona que lo cuida. Esta proximidad permite escucharlo cuando necesita salir y evita que la separación sea tan brusca. Si se despierta, conviene llevarlo con calma al lugar destinado para sus necesidades, sin convertir ese momento en una sesión de juego.
La rutina nocturna puede ser sencilla:
Última salida tranquila.
Unos minutos para relajarse.
Luz tenue y ambiente silencioso.
Descanso cerca de la familia.
Salida breve si se despierta y necesita orinar.
Regreso directo a su zona de sueño.
Las primeras noches pueden ser agotadoras. El aprendizaje para controlar la vejiga requiere tiempo, y muchos cachorros necesitan salidas nocturnas durante una etapa de su desarrollo.
Establecer una rutina sin convertir la casa en un cuartel
Los cachorros se adaptan mejor cuando pueden anticipar lo que va a ocurrir. Una rutina no significa hacer todo a la misma hora exacta, sino mantener un orden reconocible.
Por ejemplo:
Despertarse.
Salir a hacer sus necesidades.
Comer.
Volver a salir.
Jugar unos minutos.
Descansar.
Los periodos de juego deben alternarse con sueño. Cuando un cachorro está demasiado cansado, no siempre se tumba por sí solo. A veces corre más, muerde con intensidad, ladra o parece incapaz de calmarse.
En ese momento puede parecer que necesita “gastar más energía”, cuando en realidad necesita descansar. Llevarlo a su zona tranquila, reducir el ruido y ofrecerle un mordedor suele resultar más útil que iniciar otro juego.
Cómo enseñarle dónde hacer sus necesidades
Los accidentes forman parte del proceso. El cachorro todavía no conoce las normas de la casa, no controla la vejiga como un perro adulto y puede no saber cómo avisar.
Los momentos en los que suele necesitar salir son:
Al despertarse.
Después de comer.
Después de beber bastante.
Tras una sesión de juego.
Después de una siesta.
Cuando empieza a olfatear el suelo o caminar en círculos.
La recompensa debe entregarse inmediatamente después de que termine en el lugar correcto. Si se espera a volver a casa, puede asociar el premio con entrar por la puerta y no con haber hecho sus necesidades fuera.
Cuando haya un accidente:
No grites.
No lo acerques al charco.
No frotes su hocico.
No lo castigues.
Limpia la zona sin montar una escena.
Revisa si llevaba demasiado tiempo sin salir.
Castigar puede enseñarle a esconderse para orinar cuando no lo ves, dificultando todavía más el aprendizaje. La supervisión, una rutina coherente y el refuerzo inmediato son mucho más eficaces.
Si lo descubres justo cuando empieza, puedes interrumpirlo suavemente y llevarlo al lugar correcto. No tiene sentido regañarlo por algo ocurrido minutos antes: no entenderá la relación entre el castigo y el accidente.
Comida y agua durante los primeros días
Los primeros días no son el mejor momento para cambiar de alimento varias veces. Cuando sea posible, conviene mantener inicialmente la comida que ya tomaba y realizar cualquier cambio de forma gradual, salvo que el veterinario recomiende otra cosa.
La cantidad y el número de tomas dependen de:
La edad.
El peso.
El tamaño esperado de adulto.
El alimento utilizado.
Su estado de salud.
No es recomendable calcular la ración únicamente “a ojo”. Las indicaciones del fabricante son un punto de partida, pero el veterinario puede ajustarlas según la condición corporal y el crecimiento.
El agua limpia debe estar disponible. Si bebe de manera exagerada, deja de beber, vomita el agua o parece incapaz de mantenerla, conviene consultar.
También es preferible evitar que toda la familia le dé premios constantemente. Un cachorro pequeño puede recibir una cantidad considerable de alimento extra sin que nadie se dé cuenta. Parte de su propio pienso puede reservarse para premiar comportamientos tranquilos y pequeños aprendizajes.
La primera visita al veterinario
Aunque el cachorro parezca sano y tenga una cartilla, conviene concertar una revisión veterinaria durante sus primeros días en casa.
En esa consulta se puede revisar:
Estado general.
Peso y crecimiento.
Boca y dentición.
Piel y oídos.
Corazón y pulmones.
Abdomen.
Posibles parásitos.
Vacunas recibidas.
Plan de vacunación.
Desparasitación.
Alimentación.
Identificación.
Prevención frente a pulgas, garrapatas y otros parásitos.
Lleva toda la documentación disponible y, cuando sea posible, una muestra reciente de heces si la clínica la solicita. No administres antiparasitarios por tu cuenta utilizando dosis destinadas a otro perro: el producto y la cantidad deben adaptarse a la edad, el peso y el riesgo individual.
Las pautas de desparasitación en cachorros requieren seguimiento durante los primeros meses, pero deben confirmarse con el veterinario según el historial y las condiciones en las que vive el animal. ESCCAP recomienda programas frecuentes durante la etapa inicial y revisiones posteriores adaptadas al riesgo.
Vacunas y primeras salidas
Uno de los errores más habituales consiste en elegir entre dos extremos: mantener al cachorro completamente aislado hasta terminar todas las vacunas o llevarlo desde el primer día a parques llenos de perros desconocidos.
El plan correcto se encuentra entre ambos extremos.
Las guías de WSAVA recomiendan una serie de vacunaciones esenciales durante la etapa de cachorro, con dosis repetidas y una última dosis inicial administrada a las 16 semanas o después, aunque el calendario concreto depende del producto, el riesgo local y el criterio veterinario.
Mientras completa la vacunación, puede empezar a conocer el mundo de forma controlada:
Ver tráfico desde una distancia segura.
Escuchar sonidos domésticos.
Viajar en coche.
Conocer personas tranquilas.
Caminar por superficies privadas y limpias.
Observar perros desde los brazos o un medio seguro.
Relacionarse con perros sanos y correctamente vacunados cuando el veterinario lo considere adecuado.
Deben evitarse las zonas con alta concentración de perros desconocidos, excrementos o animales con estado sanitario incierto hasta recibir indicaciones veterinarias.
Los mordedores adecuados ayudan al cachorro a explorar, aliviar la dentición y aprender qué objetos puede utilizar.
Socializar no significa saludar a todo el mundo
La etapa más sensible para la socialización se encuentra durante los primeros meses de vida. Esto no significa que el cachorro deba tocar, jugar o acercarse a cada persona y perro que encuentre.
Socializar consiste en aprender que el mundo puede observarse sin miedo. Un cachorro puede ver una bicicleta, escuchar un camión o cruzarse con otro perro sin necesidad de interactuar.
Las experiencias deben ser:
Graduales.
Seguras.
Breves.
Positivas.
Adaptadas a su respuesta.
Si se esconde, retrocede, mete la cola, se queda inmóvil o rechaza la comida, probablemente la situación es demasiado intensa. Alejarse no arruina la socialización; obligarlo a permanecer puede empeorar el miedo.
La AVSAB considera que la socialización segura debe comenzar antes de completar toda la pauta vacunal, precisamente porque los primeros tres meses representan una etapa especialmente importante para el desarrollo. Las clases bien organizadas pueden iniciarse desde edades tempranas cuando se cumplen los requisitos veterinarios y de higiene.
Un buen ejemplo es el cachorro que tiene miedo del ascensor. No hace falta introducirlo, cerrar la puerta y dar varias vueltas para que “vea que no pasa nada”. Puede empezar observándolo abierto desde el pasillo, acercarse a recoger un premio y retirarse. Otro día podrá entrar durante unos segundos. Esa progresión lenta suele construir más confianza que una exposición forzada.
Las primeras normas de casa
No es necesario esperar semanas para educarlo, pero la educación inicial debe ser sencilla.
Puedes empezar enseñándole:
Su nombre.
Acudir cuando lo llamas a poca distancia.
Soltar o intercambiar objetos.
Esperar unos segundos antes de recibir la comida.
Caminar cerca de ti.
Permanecer tranquilo sobre una manta.
Aceptar manipulaciones breves.
Las sesiones deben durar poco y terminar antes de que pierda el interés. El aprendizaje se construye premiando las conductas que queremos repetir.
Los métodos basados en dolor, miedo, gritos, tirones o sometimiento pueden dañar la confianza y aumentar el riesgo de respuestas defensivas. Las asociaciones veterinarias de comportamiento recomiendan el entrenamiento basado en recompensas y una gestión del entorno que evite poner al cachorro en situaciones que todavía no sabe resolver.
Mordiscos y dentición
Los cachorros utilizan la boca para explorar, jugar y aliviar las molestias de la dentición. Esto no significa que debamos permitir que muerdan manos, ropa o muebles sin límites.
Cuando muerda durante el juego:
Detén el movimiento de la mano.
Ofrécele un juguete adecuado.
Reanuda el juego cuando utilice el juguete.
Termina la interacción si está demasiado excitado.
Comprueba si necesita dormir.
No conviene golpearle el hocico, sujetarle la boca ni gritar. Estas respuestas pueden aumentar la excitación o hacer que empiece a desconfiar de las manos.
Es útil repartir mordedores seguros en varias zonas de la casa. Deben ser adecuados para su tamaño, resistentes y revisarse con frecuencia para comprobar que no se desprenden trozos.
Aprender a quedarse solo poco a poco
Durante los primeros días es normal que busque compañía. Sin embargo, acompañarlo constantemente y desaparecer de repente durante varias horas puede hacer que la transición resulte muy difícil.
El aprendizaje puede empezar con ausencias muy breves:
El cachorro está tranquilo y tiene sus necesidades cubiertas.
Se le deja en una zona segura con un objeto apropiado.
La persona se aleja durante unos segundos.
Regresa antes de que aparezca una angustia intensa.
El tiempo aumenta progresivamente.
No debe utilizarse la técnica de dejarlo llorar hasta que se rinda. Tampoco es necesario entrar corriendo ante cualquier sonido leve. La clave está en diferenciar una pequeña protesta de una respuesta de pánico que aumenta en lugar de disminuir.
La duración de las ausencias debe ajustarse también a su capacidad para controlar la vejiga. Un cachorro muy joven no puede permanecer solo tantas horas como un perro adulto.
Cachorros y niños
La presencia de niños puede ser una experiencia positiva, pero las interacciones deben estar siempre supervisadas por un adulto.
Los niños deben aprender a:
No abrazarlo con fuerza.
No montarse encima.
No quitarle comida.
No despertarlo.
No perseguirlo.
Jugar con juguetes y no con las manos.
Respetar su cama.
Dejarlo marcharse cuando quiera.
El cachorro también debe disponer de una zona a la que pueda retirarse sin que los niños lo sigan.
Incluso un cachorro sociable puede morder si está asustado, dolorido o atrapado. Supervisar no significa mirar desde otra habitación, sino estar lo bastante cerca para intervenir antes de que la situación se complique.
Presentación con otros perros
El perro que ya vive en casa no tiene por qué recibir al cachorro con entusiasmo. Puede necesitar tiempo y espacio.
La primera presentación debería realizarse:
En un ambiente tranquilo.
Con dos personas adultas.
Sin juguetes ni comida en medio.
Con correas flojas si son necesarias.
Con posibilidad de separarlos.
Sin obligarlos a permanecer juntos.
No castigues al perro adulto por gruñir. El gruñido es una señal que informa de que necesita distancia. Lo importante es intervenir antes de que la tensión aumente y evitar que el cachorro lo persiga continuamente.
Cada perro debe conservar su cama, comedero y zona de descanso. La convivencia no debe consistir en obligar al adulto a soportar todos los juegos del recién llegado.
Presentación con un gato
La presentación entre cachorro y gato debe hacerse de manera gradual. Al principio conviene separarlos y permitir que se conozcan mediante el olor.
El gato necesita:
Lugares elevados.
Rutas de escape.
Comida y agua inaccesibles para el cachorro.
Un arenero tranquilo.
Espacios donde descansar sin ser perseguido.
El cachorro puede llevar una correa ligera durante los primeros encuentros para impedir carreras repentinas. Se premiará la calma, mirar al gato sin perseguirlo y responder cuando se le llama.
No se debe acercar al gato en brazos ni encerrarlo junto al cachorro. Poder alejarse es una parte esencial de una presentación segura.
Manipulación, higiene y visitas veterinarias futuras
Los primeros días también son una oportunidad para enseñarle que las manos no siempre sirven para sujetarlo o quitarle cosas.
En momentos tranquilos puedes tocar brevemente:
Patas.
Orejas.
Boca.
Cola.
Pecho.
Collar o arnés.
Cada contacto puede acompañarse de una recompensa y terminar antes de que se incomode. No se trata de inmovilizarlo, sino de crear experiencias positivas que faciliten el cepillado, el corte de uñas y las revisiones veterinarias.
Las prácticas de manejo cooperativo y las asociaciones positivas pueden reducir el miedo en futuras visitas.
Cuándo llamar al veterinario
Un cachorro puede dormir mucho, comer más despacio durante unas horas o presentar heces algo más blandas por el cambio. Aun así, debido a su edad y tamaño, puede deshidratarse o empeorar con mayor rapidez que un perro adulto.
Hay que contactar con un veterinario con urgencia ante:
Vómitos repetidos.
Diarrea intensa o con sangre.
Dificultad para respirar.
Debilidad extrema.
Desorientación.
Convulsiones.
Encías pálidas, azuladas o grises.
Abdomen hinchado.
Intentos de vomitar sin expulsar nada.
Incapacidad para mantenerse en pie.
Ingestión de un alimento tóxico, medicamento u objeto.
Rechazo persistente de comida o agua.
Dolor evidente.
Los vómitos o la diarrea continuados pueden causar deshidratación y debilidad, un riesgo especialmente importante en animales jóvenes. Las alteraciones respiratorias, las convulsiones, el abdomen distendido y los cambios en el color de las encías requieren atención inmediata.
No conviene esperar a que aparezcan todos los síntomas. Si algo no encaja con el comportamiento habitual del cachorro, una llamada temprana puede evitar complicaciones.
Errores frecuentes durante los primeros días
Una zona tranquila con cama y objetos familiares facilita el descanso y ayuda al cachorro a adaptarse a su nuevo hogar.
Darle acceso libre a toda la casa
Un espacio demasiado grande dificulta la supervisión y aumenta los accidentes. Es mejor ampliar su territorio poco a poco.
Recibir muchas visitas
El cachorro acaba de atravesar un cambio enorme. Habrá tiempo para conocer a familiares y amigos cuando esté más descansado.
Cambiar constantemente de normas
Si una persona le permite subir al sofá y otra lo regaña, no aprenderá más rápido; solo recibirá mensajes contradictorios.
Castigar los accidentes
El miedo no enseña dónde debe orinar. Puede enseñarle únicamente a hacerlo sin que lo veas.
Cansarlo para que duerma
El exceso de actividad puede producir todavía más excitación. Los cachorros necesitan también ayuda para desconectar.
Obligar a socializar
Acercarlo a perros o personas cuando intenta escapar no le enseña a confiar. Le enseña que sus señales no funcionan.
Usar las manos como juguete
Lo que resulta gracioso con un cachorro pequeño puede convertirse en mordiscos dolorosos meses después.
Dejarlo solo demasiadas horas de repente
La autonomía se aprende progresivamente. No aparece por cerrar una puerta y esperar.
Compararlo con otros cachorros
Algunos controlan antes sus necesidades; otros tardan más en dormir solos o caminar por la calle. La evolución no es una competición.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tarda un cachorro en adaptarse?
No existe un plazo exacto. Algunos se muestran cómodos en pocos días y otros necesitan varias semanas. El proceso depende de su edad, temperamento, experiencias anteriores y del ambiente de la casa.
Los cachorros necesitan alternar pequeños momentos de juego con periodos de calma para evitar el cansancio y la sobreestimulación.
¿Es normal que llore por la noche?
Sí, especialmente al principio. Está durmiendo en un lugar nuevo y puede sentirse inseguro o necesitar salir. La cercanía y una rutina tranquila suelen ayudar.
¿Debe dormir solo desde el primer día?
No es obligatorio. Puede dormir cerca de la familia durante la adaptación y alejar su cama progresivamente si ese es el objetivo final.
¿Puedo sacarlo a la calle antes de completar las vacunas?
La socialización segura puede empezar antes de finalizar la pauta, pero las superficies, los lugares y los contactos deben adaptarse al riesgo local. El veterinario debe indicar qué puede hacer según sus vacunas y la incidencia de enfermedades en la zona.
¿Por qué hace sus necesidades dentro después de haber salido?
Puede haberse distraído, no haber terminado o no relacionar todavía la calle con el lugar correcto. Conviene esperar con calma, premiar inmediatamente los aciertos y mantener una frecuencia de salidas adecuada.
¿Cuándo puedo empezar a educarlo?
Desde el primer día, mediante ejercicios breves y refuerzo positivo. Las primeras lecciones más importantes son confiar, responder a su nombre y aprender las rutinas.
¿Es normal que muerda todo?
Es habitual, pero debe tener alternativas seguras. La supervisión y los mordedores adecuados evitan que ensaye constantemente con muebles, ropa y manos.
¿Puedo dejarlo dormir en mi cama?
Es una decisión familiar, siempre que resulte seguro y se mantenga una norma coherente. En cachorros muy pequeños hay que valorar el riesgo de caídas o de no poder bajar para hacer sus necesidades.
¿Cuándo debería empezar a quedarse solo?
Desde los primeros días pueden practicarse separaciones de pocos segundos o minutos, siempre de forma gradual y cuando se encuentre tranquilo.
¿Debo bañarlo al llegar?
No suele ser necesario salvo que esté muy sucio o exista una indicación concreta. Un baño inmediato puede añadir estrés y enfriarlo. También conviene consultar al veterinario sobre productos adecuados para su edad.
Los primeros días no tienen que ser perfectos
Habrá accidentes, alguna noche complicada y momentos en los que parezca que el cachorro ha olvidado todo lo aprendido el día anterior. Eso no significa que la adaptación esté fracasando.
Durante esta etapa, lo más importante no es conseguir que obedezca muchas órdenes, sino enseñarle que la casa es un lugar seguro, que sus necesidades serán atendidas y que puede confiar en las personas que viven con él.
La paciencia de estos primeros días se convierte después en algo mucho más valioso que una respuesta rápida a una orden: un perro capaz de buscar apoyo, aprender sin miedo y desenvolverse con seguridad en su nuevo hogar.
Vídeo relacionado
Educar a un perro cachorro desde cero | Primeras noches en casa
📺 Este vídeo es de un creador externo. Todos los derechos pertenecen a su autor original.
📚 Fuentes consultadas
1.
AAHA — American Animal Hospital Association (ver fuente)
preparación de la vivienda, llegada del cachorro, creación de una zona segura, primeras rutinas, encuentros controlados y cuidados veterinarios iniciales.
2.
AVSAB — American Veterinary Society of Animal Behavior (ver fuente)
socialización temprana, educación mediante recompensas, aprendizaje higiénico y rechazo de métodos basados en miedo, dolor o castigo.
3.
WSAVA — World Small Animal Veterinary Association (ver fuente)
pautas internacionales de vacunación para cachorros, con calendarios que deben adaptar los veterinarios al animal y al riesgo de la zona.