Enseñar a un cachorro dónde hacer pis y caca parece sencillo hasta que llevamos tres días saliendo a la calle, vuelve a casa aparentemente sin ganas de nada y, cinco minutos después, encontramos un charco junto al sofá.
No significa que sea desobediente ni que «lo haga a propósito». Un cachorro todavía está desarrollando su capacidad física para controlar la eliminación y, además, tiene que aprender algo que para nosotros resulta evidente pero para él no: qué lugar de todos los que conoce es el adecuado para hacer sus necesidades.
La forma más eficaz de enseñárselo no consiste en esperar al error para corregirlo. Consiste en organizar el día de manera que tenga muchas oportunidades de acertar, acompañarlo al lugar adecuado y conseguir que hacer pis o caca allí tenga consecuencias positivas. AVSAB y AAHA sitúan precisamente la supervisión, la rutina, la prevención de accidentes y el refuerzo inmediato entre los pilares del aprendizaje higiénico.
Lo primero: no esperamos que el cachorro «avise» desde el primer día
Una familia puede pensar que el cachorro aprenderá a acercarse a la puerta cuando necesite salir. Algunos terminan haciéndolo, pero esa señal suele aparecer después de haber entendido primero dónde debe eliminar.
Durante las primeras semanas somos nosotros quienes tenemos que adelantarnos.
Merck Veterinary Manual identifica varios momentos en los que los cachorros suelen necesitar hacer sus necesidades: al levantarse, después de comer, tras beber bastante, después de una siesta, al terminar de jugar, antes de dormir y, en cachorros muy jóvenes, algunas veces durante la noche.

Momento | Qué conviene hacer |
|---|---|
Nada más despertarse. | Llevarlo directamente al lugar donde queremos que haga sus necesidades. |
Después de comer. | Ofrecer una nueva oportunidad para salir. |
Después de beber bastante. | Estar especialmente atentos durante el rato siguiente. |
Al terminar de jugar. | Hacer una pausa y llevarlo a su zona de eliminación. |
Después de una siesta. | Salir antes de iniciar otra actividad. |
Antes de acostarse. | Darle una última oportunidad para hacer pis y caca. |
Durante la noche. | Algunos cachorros muy jóvenes todavía pueden necesitar una salida. |
Esta tabla es mucho más útil que intentar aplicar una fórmula rígida del tipo «un mes de edad equivale a una hora de aguante». No todos los cachorros tienen la misma capacidad, y la duración puede cambiar según edad, tamaño, sueño, actividad, comida, agua, estado de salud y aprendizaje previo.
El secreto está en que acierte muchas más veces de las que falla
Si durante una semana un cachorro hace veinte veces pis fuera y otras veinte dentro, la información que está recibiendo sigue siendo bastante confusa.
Nuestro objetivo es inclinar claramente la balanza.
Para conseguirlo necesitamos tres cosas:
Anticiparnos a los momentos en los que probablemente necesite eliminar.
Supervisarlo cuando está despierto dentro de casa.
Recompensar de inmediato cuando utiliza el lugar correcto.
AVSAB señala expresamente que el aprendizaje higiénico requiere observación cuidadosa, refuerzo consistente de los aciertos y prevención de accidentes.
No existe ningún truco espectacular.
Existe repetición.
Y funciona precisamente porque el cachorro empieza a descubrir una relación muy sencilla:
Hacerlo aquí produce cosas buenas.
Paso 1: elige dónde quieres que haga sus necesidades
Enseñar «hazlo fuera» puede ser demasiado abstracto al principio.
Resulta más sencillo llevar al cachorro inicialmente a una zona relativamente estable: una parte del jardín, un tramo tranquilo de césped o un punto adecuado de la calle.
AAHA recomienda utilizar un lugar consistente durante el aprendizaje.
Eso no significa que durante el resto de su vida solo pueda hacer pis en aquel metro cuadrado. Simplemente estamos reduciendo la dificultad mientras entiende el ejercicio.
Cuando lleguemos:
No empezamos inmediatamente a jugar.
Le damos tiempo para olfatear.
Nos movemos poco y evitamos distraerlo constantemente.
Esperamos unos minutos con tranquilidad.
Si hace sus necesidades, llega el momento importante.
Paso 2: premia allí mismo, no al volver a casa
Este detalle cambia muchísimo el aprendizaje.
Imaginemos que el cachorro hace pis fuera. Entramos en casa, quitamos la correa, vamos hasta la cocina, abrimos el armario y finalmente le damos una golosina.
Para nosotros el premio es por el pis.
Para él pueden haber ocurrido demasiadas cosas entre medias.
AVSAB recomienda que el refuerzo llegue inmediatamente después de finalizar la eliminación, precisamente para que la asociación sea clara.
Por eso conviene salir preparados con alguna recompensa.
Puede ser:
Una pequeña porción de alimento adecuado.
Un premio que valore especialmente.
Caricias, si realmente le gustan en ese momento.
Un pequeño juego.
La posibilidad de continuar explorando.
La comida suele ser especialmente sencilla porque podemos entregarla con precisión.
La secuencia sería:
Hace pis → termina → marcamos con un “muy bien” → recompensa.
No necesitamos organizar una celebración que asuste al cachorro. Basta con hacer evidente que acaba de acertar.
No vuelvas siempre a casa inmediatamente después del pis
Aquí aparece un pequeño error bastante curioso.
Imaginemos que cada paseo funciona así:
El cachorro hace pis.
Recibe premio.
Volvemos inmediatamente a casa.
Después de repetirlo muchas veces, algunos perros pueden empezar a descubrir que hacer pis también significa que termina el paseo.
En determinadas situaciones puede resultar práctico quedarse un poco más, permitirle olfatear o continuar caminando después de que haya hecho sus necesidades.
Así evitamos que tenga motivos para retrasarlas deliberadamente porque quiere seguir fuera.
Paso 3: observa qué hace justo antes
Con el tiempo empezaremos a reconocer pequeñas pistas.
Algunos cachorros:
Olfatean el suelo de manera insistente.
Empiezan a caminar en círculos.
Se alejan repentinamente de la familia.
Buscan una esquina o una habitación tranquila.
Interrumpen el juego de repente.
Se muestran inquietos junto a una puerta.
No todos hacen lo mismo.
Precisamente por eso durante las primeras semanas interesa observar al cachorro concreto que tenemos delante, no al que aparece en una guía de Internet.
Cuando detectamos su patrón, el aprendizaje se vuelve mucho más sencillo: podemos salir antes del accidente.
Paso 4: supervisión no significa perseguirlo por toda la casa
No necesitamos caminar detrás del cachorro mirando su trasero durante dieciséis horas.
Pero mientras todavía está aprendiendo, darle acceso libre a toda la vivienda puede complicar bastante el proceso.
Un salón tiene muchos escondites.
Una casa entera tiene muchísimos más.
AVSAB recomienda mantener al cachorro cerca cuando está dentro de casa durante la fase inicial para poder detectar señales y evitar que se marche discretamente a eliminar en otra habitación.
Podemos ayudarnos de:
Puertas cerradas.
Barreras infantiles.
Un parque para cachorros.
Una habitación preparada.
Una zona más reducida de la vivienda.
Conforme aumenta la fiabilidad, ampliamos progresivamente su libertad.
No estamos castigándolo.
Estamos evitando que practique veinte veces una conducta que después tendremos que intentar cambiar.

¿Y el transportín o la jaula?
Puede utilizarse como herramienta puntual si el cachorro se ha acostumbrado a ella de manera positiva, pero no debería convertirse en un sistema para obligarlo a aguantar durante periodos excesivos.
AVSAB señala que algunos perros evitan eliminar en su zona de descanso, lo que puede ayudar durante el aprendizaje, mientras que AAHA insiste en que el confinamiento debe introducirse gradualmente, durante periodos apropiados y nunca como castigo.
Si el cachorro llora desesperadamente, intenta escapar o termina haciéndose pis porque físicamente no puede aguantar más, el problema no es que necesitemos «ser más estrictos».
Necesitamos revisar el plan.
Qué hacer si lo pillamos haciendo pis dentro
Aquí importa muchísimo nuestra reacción.
Si lo descubrimos justo cuando empieza, podemos interrumpir la situación sin asustarlo y llevarlo rápidamente al lugar adecuado.
Si consigue terminar allí, lo premiamos.
No necesitamos:
Gritar.
Dar palmadas para asustarlo.
Sujetarlo bruscamente.
Enfadarnos mientras orina.
Queremos que aprenda dónde hacerlo, no que aprenda que hacer pis delante de nosotros es peligroso.
Qué hacer si encontramos el charco diez minutos después
Nada con el cachorro.
Absolutamente nada.
Limpiamos y revisamos qué ha fallado en nuestra organización.
Quizá llevaba demasiado tiempo sin salir. Tal vez se despertó de una siesta y no nos dimos cuenta. Puede que estuviéramos ocupados y tuviera demasiado espacio libre.
AVSAB advierte que castigar a un cachorro por un accidente encontrado posteriormente no es eficaz: no puede relacionar correctamente ese castigo tardío con haber orinado minutos antes. Algunas reprimendas pueden incluso favorecer que empiece a esconderse para eliminar fuera de nuestra vista.
Frotarle el hocico en el pis tampoco le enseña nada útil.
Es una práctica que debería quedarse definitivamente en el pasado.
El castigo puede enseñarle exactamente lo contrario de lo que queríamos
Imaginemos a Lola, una cachorra ficticia.
Hace pis delante de su cuidador y recibe un grito.
Al día siguiente vuelve a sentir ganas.
Esta vez se marcha detrás del sofá.
Hace pis allí.
Nadie grita.
¿Qué ha aprendido Lola?
No necesariamente:
«No debo hacer pis en casa.»
Puede haber aprendido:
«No debo hacer pis cuando las personas me están mirando.»
De repente la familia observa algo desconcertante: salen veinte minutos y Lola no hace nada. Vuelven a casa y desaparece detrás de una mesa para hacer pis.
Lo que parece terquedad puede ser simplemente el resultado de una asociación mal construida.
AVSAB recomienda métodos basados en recompensas para el entrenamiento canino y desaconseja el uso de miedo, intimidación o dolor para enseñar conductas.
Crea una rutina de salidas, pero observa más al cachorro que al reloj
Un horario ayuda.
Una alarma en el teléfono también puede ayudar durante las primeras semanas.
Pero no utilizaría una tabla universal como si fuese una prescripción médica.
Podemos registrar durante tres o cuatro días:
Hora | Qué ocurrió antes | ¿Pis? | ¿Caca? | Lugar |
|---|---|---|---|---|
7:10 | Se despertó. | Sí | No | Fuera. |
7:40 | Desayunó. | Sí | Sí | Fuera. |
10:15 | Terminó una siesta. | Sí | No | Fuera. |
12:05 | Juego intenso. | Sí | No | Dentro. |
12:10 | Salida. | No | No | — |
Una tabla así nos descubre patrones reales.
Quizá nuestro cachorro siempre hace caca veinte minutos después de desayunar. Quizá necesita salir casi inmediatamente después de despertarse. Tal vez los accidentes aparecen sobre todo después del juego.
Cuando entendemos el patrón, dejamos de depender de la suerte.
Comida y eliminación suelen formar una pareja bastante útil
Mantener horarios de alimentación relativamente previsibles puede ayudarnos a anticipar mejor algunos momentos de eliminación.
AAHA recomienda establecer rutinas consistentes de alimentación y pausas para hacer sus necesidades. Además, material nutricional utilizado por AAHA describe cómo una pauta de comida seguida de una salida puede aprovechar la respuesta gastrointestinal posterior a la alimentación para facilitar el aprendizaje higiénico.
No necesitamos obsesionarnos con que haga caca exactamente a una hora.
Pero si la comida aparece cada día de manera completamente aleatoria, también será más difícil anticiparnos.
¿Cuándo aprenderá?
Aquí conviene desconfiar de las promesas.
«En siete días.»
«En dos semanas.»
«A los tres meses ya debería estar completamente limpio.»
No existe un plazo idéntico para todos.
Merck señala que, con paciencia y consistencia, muchos cachorros progresan en unas semanas, pero también deja claro que su capacidad aumenta con la edad y que al principio necesitan salir varias veces al día.
El progreso depende de:
Edad.
Desarrollo físico.
Experiencias anteriores.
Regularidad de la rutina.
Número de oportunidades para acertar.
Estado de salud.
Entorno.
Capacidad de supervisión de la familia.
Un accidente ocasional tampoco significa que hayamos vuelto al punto de partida.
El cachorro que viene de criador, protectora o tienda puede empezar desde lugares distintos
No todos llegan con la misma experiencia.
Uno puede haber aprendido desde pequeño a separarse de su zona de descanso para eliminar.
Otro quizá ha vivido en un entorno donde no existía esa posibilidad.
Merck señala que los cachorros que han tenido que eliminar habitualmente en el mismo espacio donde permanecían pueden resultar más difíciles de enseñar posteriormente, porque han practicado un patrón diferente.
No significa que no puedan aprender.
Simplemente pueden necesitar más paciencia y una rutina especialmente clara.
¿Qué hacemos durante la noche?
Un cachorro muy joven puede no estar preparado físicamente para pasar toda la noche sin eliminar. Merck incluye expresamente la noche entre los momentos en los que algunos cachorros pequeños pueden necesitar hacer sus necesidades.
Si se despierta y necesita salir, intentaría que la salida nocturna fuese bastante aburrida:
Vamos al lugar de eliminación.
Esperamos.
Premiamos si lo hace.
Volvemos a dormir.
No necesitamos encender todas las luces de casa, sacar cinco juguetes y convertir las tres de la mañana en una fiesta.
Queremos enseñarle que despertarse para hacer pis es diferente de empezar el día.
Vivir en un piso cambia la logística, no el aprendizaje
Bajar desde un sexto piso puede resultar bastante diferente a abrir una puerta hacia el jardín.
Por eso tendremos que anticiparnos todavía más.
Cuando un cachorro joven se despierta, esperar mientras buscamos zapatos, chaqueta, llaves y bolsas puede ser demasiado tiempo.
Podemos tener preparado lo necesario junto a la puerta.
En algunos casos, especialmente cuando las circunstancias sanitarias o logísticas hacen imposible acceder inmediatamente a una zona exterior adecuada, una familia puede decidir utilizar temporalmente una zona interior de eliminación. Lo importante es tener claro cuál es el objetivo y mantener el criterio lo más consistente posible.
Empapadores: herramienta útil o fuente de confusión
El empapador no es automáticamente bueno ni malo.
Depende de lo que queramos enseñar.
Si nuestro objetivo permanente es que el perro utilice una zona interior concreta, podemos enseñársela igual que cualquier otra superficie.
Si nuestra intención final es que haga todo fuera, utilizar empapadores puede servir como solución temporal en determinados hogares, pero conviene evitar que aparezcan cada día en un lugar diferente.
Para el cachorro, «empapador en la cocina», «empapador en el pasillo» y «alfombra suave del dormitorio» pueden compartir características que nosotros no considerábamos importantes.
Si vamos a utilizarlos:
Escogemos inicialmente un lugar estable.
No llenamos toda la vivienda de zonas de eliminación.
Premiamos cuando utiliza el punto correcto.
Diseñamos después una transición progresiva si el objetivo final está fuera.
Y, cuando la limitación para salir está relacionada con vacunación o riesgo sanitario, el veterinario debería orientarnos sobre qué zonas exteriores pueden utilizarse de forma segura.
¿Podemos enseñarle una palabra para hacer pis?
Sí, podemos asociar una señal sencilla con el comportamiento.
Por ejemplo:
«Pis.»
o
«Haz pipí.»
No necesitamos repetirla veinte veces mientras el cachorro está mirando un árbol.
Podemos introducirla suavemente cuando ya está empezando a eliminar y después recompensarlo al terminar. AAHA contempla el uso de una señal asociada a la eliminación junto con elogios y recompensas durante el aprendizaje.
Con suficientes repeticiones, esa palabra puede resultar útil cuando necesitamos que haga sus necesidades antes de un viaje, antes de entrar en casa o antes de acostarnos.
Pero no es un botón.
Si el perro acaba de orinar o simplemente no tiene ganas, decir «pis» doce veces no producirá mágicamente una vejiga llena.
Pis y caca no siempre se aprenden al mismo ritmo
Puede ocurrir que el cachorro prácticamente deje de hacer pis dentro y, sin embargo, todavía aparezca alguna caca inesperada.
No significa necesariamente que haya algo raro.
Los patrones pueden ser diferentes y conviene observar qué sucede alrededor de cada uno.
Quizá necesita más tiempo después de comer. Puede que durante el paseo esté demasiado distraído y espere hasta volver a casa. Tal vez la caminata termina demasiado pronto.
Si vemos un patrón claro, modificamos la rutina.
Cuando sale y no hace nada
Esta escena desespera bastante:
Veinte minutos fuera.
Nada.
Entramos.
Dos minutos después, pis.
Una estrategia práctica consiste en evitar conceder inmediatamente libertad total por la vivienda.
Si sabemos que probablemente necesita eliminar pero no lo ha hecho, podemos regresar a una zona controlada durante un breve periodo, supervisarlo y volver a intentarlo poco después.
De esta forma no convertimos:
«No hago pis fuera → entro y me pierdo por toda la casa.»
en una oportunidad perfecta para equivocarse detrás del sofá.
El paseo no debería terminar siendo una lucha
Hay cachorros que necesitan tiempo para encontrar un lugar.
Otros se distraen con absolutamente todo.
Una hoja.
Una moto.
Una paloma.
Una persona.
Otro perro.
Si cada salida se convierte en un paseo lleno de estímulos antes de haber hecho sus necesidades, puede olvidar temporalmente el objetivo.
Cuando sabemos que necesita hacer pis, podemos empezar en una zona relativamente tranquila. Después de eliminar y recibir su recompensa, empieza la parte más interesante del paseo.
Así incluso podemos utilizar el propio paseo como una consecuencia positiva.
Niños y aprendizaje higiénico
Los niños pueden participar, pero la responsabilidad sigue siendo de los adultos.
Podemos enseñarles que cuando el cachorro se despierta hay que avisar, que no deben distraerlo cuando está intentando hacer sus necesidades y que pueden felicitarlo suavemente cuando acierta.
Lo que no conviene es convertir un accidente en un espectáculo familiar.
Cinco personas gritando «¡NO!» alrededor de un cachorro que está haciendo pis probablemente no mejorará nada.
La coherencia entre miembros de la familia facilita mucho el aprendizaje. AAHA recomienda acordar desde el principio responsabilidades y rutinas domésticas consistentes.
Cuando parece que había aprendido y vuelve a tener accidentes
Un accidente aislado no siempre significa un problema.
Puede ocurrir después de:
Una jornada diferente.
Más agua de lo habitual.
Excitación.
Un cambio de horario.
Una visita.
Una salida retrasada.
Un día en el que simplemente no calculamos bien.
La respuesta más sensata suele ser volver temporalmente a una supervisión más estrecha y aumentar las oportunidades para salir.
Pero una regresión importante o persistente merece más atención.
No todo accidente es un problema de educación
Este punto es especialmente importante.
Un cachorro que empieza de repente a orinar con mucha más frecuencia, tiene accidentes continuamente pese a que estaba progresando o muestra molestias puede necesitar una valoración veterinaria.
El aumento importante de sed o micción puede acompañar a diferentes enfermedades. También son señales que requieren atención la dificultad o dolor al orinar, hacer pequeñas cantidades repetidamente o encontrar sangre en la orina.
Consulta con el veterinario si observas:
Un aumento marcado de la frecuencia de micción.
Sed claramente mayor de lo habitual.
Esfuerzo o dolor al orinar.
Sangre en la orina.
Intentos frecuentes en los que apenas sale orina.
Diarrea persistente que dificulta controlar las deposiciones.
Decaimiento, vómitos, fiebre u otros signos de enfermedad.
Una regresión brusca después de haber adquirido buen control.
Si intenta orinar repetidamente y no consigue hacerlo o solo elimina cantidades mínimas mientras muestra malestar, no deberíamos asumir que se trata de un problema de entrenamiento. Los trastornos urinarios obstructivos pueden ser graves y necesitan atención veterinaria.
Los errores que más retrasan el aprendizaje
Error | Qué ocurre | Qué hacemos mejor |
|---|---|---|
Esperar a que avise desde el principio. | Llegamos tarde a muchas eliminaciones. | Anticipamos horarios y señales. |
Premiar al volver a casa. | El cachorro puede asociar el premio con otra conducta. | Recompensamos inmediatamente en el lugar correcto. |
Castigar accidentes. | Puede generar miedo o eliminación escondida. | Supervisamos, prevenimos y reforzamos los aciertos. |
Darle toda la casa demasiado pronto. | Aumentan las oportunidades de eliminar sin que lo veamos. | Ampliamos el espacio progresivamente. |
Esperar demasiado entre salidas. | Exigimos un control que quizá todavía no tiene. | Ajustamos la frecuencia al cachorro. |
Cambiar continuamente la zona de eliminación. | Las reglas se vuelven menos claras. | Mantenemos inicialmente una ubicación consistente. |
Volver siempre a casa justo después. | Algunos perros pueden intentar retrasar la eliminación. | A veces continuamos unos minutos con el paseo. |
Confundir un problema médico con desobediencia. | El entrenamiento no resuelve la causa. | Consultamos al veterinario cuando aparecen señales anormales. |
Una semana mala no destruye todo lo aprendido
Puede que llevemos quince días fantásticos y de repente aparezcan tres accidentes en un fin de semana.
Antes de pensar que «lo ha olvidado todo», revisamos lo ocurrido:
¿Cambió la rutina?
¿Hubo visitas?
¿Durmió a otras horas?
¿Bebió más?
¿Estuvimos menos pendientes?
¿Estaba enfermo?
La educación de un cachorro rara vez avanza como una línea perfectamente recta.
Hay mejoras, pequeños retrocesos y días en los que simplemente calculamos mal.
Lo importante es que la tendencia general vaya cambiando.
Un ejemplo práctico de un día de aprendizaje
Imaginemos a Bruno, un cachorro ficticio de once semanas.
Se despierta a las 7:00. Su cuidador no prepara primero el desayuno: salen directamente. Bruno hace pis, recibe su recompensa y pasa cinco minutos oliendo tranquilamente.
Vuelven y desayuna.
Poco después salen de nuevo. Esta vez hace caca.
A media mañana duerme una hora y media. En cuanto se despierta, vuelve a salir.
Después juega en casa durante veinte minutos. Cuando empieza a olfatear el suelo y alejarse, su cuidador reconoce la señal y vuelven fuera.
Por la tarde ocurre un accidente.
Nadie grita.
Limpian.
Y revisan qué sucedió: había terminado de jugar y nadie recordó sacarlo.
Al día siguiente modifican ese punto.
Eso es aprendizaje higiénico.
No buscar un cachorro perfecto.
Crear suficientes situaciones correctas para que poco a poco la respuesta adecuada se convierta en la más normal.

Preguntas frecuentes
¿Cuánto tarda un cachorro en aprender a hacer pis fuera?
No existe un plazo universal. Muchos progresan notablemente durante las primeras semanas de entrenamiento consistente, pero edad, desarrollo, historia previa y oportunidades de práctica influyen en la velocidad.
¿Debo despertarlo para hacer pis?
No existe una regla única. Algunos cachorros muy jóvenes todavía necesitan eliminar durante la noche. Conforme madura y aumenta su capacidad, esas salidas suelen poder espaciarse.
¿Le riño si lo veo haciendo pis dentro?
No recomiendo asustarlo ni castigarlo. Podemos interrumpir con calma, llevarlo al lugar apropiado y reforzar si termina allí. Los métodos basados en recompensas son los recomendados por AVSAB para el entrenamiento.
¿Y si encuentro el pis después?
Limpiamos. Castigarlo en ese momento no le permite asociar correctamente nuestra reacción con lo sucedido anteriormente.
¿Puede utilizar empapador y salir a la calle?
Puede aprender ambas cosas, pero las normas deben ser claras. Si el empapador es temporal y el objetivo final es el exterior, conviene planificar una transición progresiva en lugar de cambiar continuamente los lugares permitidos.
¿Es mejor sacarlo siempre al mismo sitio?
Al principio puede facilitar mucho el aprendizaje. AAHA recomienda utilizar una zona de eliminación consistente durante la fase inicial.
¿Tengo que darle un premio toda la vida?
No necesariamente. Una vez consolidada la conducta podemos reducir progresivamente las recompensas alimentarias, manteniendo otras consecuencias naturales como salir, pasear y recibir atención.
¿Por qué hace pis justo después de volver del paseo?
Puede haber estado demasiado distraído o no haber tenido suficiente tiempo. Si sospechamos que todavía necesita eliminar, podemos supervisarlo estrechamente al entrar y volver a salir poco después.
¿Por qué hace pis cuando está emocionado?
Algunos cachorros pueden presentar micción relacionada con excitación o determinadas interacciones sociales. Si ocurre de forma frecuente, intensa, persiste al crecer o tenemos dudas sobre su origen, conviene comentarlo con el veterinario para diferenciarlo de problemas médicos o conductuales.
El verdadero truco consiste en llegar antes
Cuando el aprendizaje higiénico va mal, solemos mirar el último paso:
El charco.
Pero el charco normalmente empezó mucho antes.
El cachorro se despertó.
Jugó.
Bebió.
Empezó a olfatear.
Se alejó.
Nadie lo vio.
Y finalmente hizo pis.
Cuando aprendemos a reconocer todo lo que ocurre antes, nuestra forma de educarlo cambia.
Ya no pasamos el día corrigiendo accidentes.
Empezamos a prevenirlos.
Y cada vez que salimos a tiempo, espera, hace sus necesidades y recibe inmediatamente una consecuencia agradable, el cachorro obtiene una pieza más de información sobre cómo funciona su nueva casa.
Habrá días mejores y peores. Habrá algún pis inesperado incluso cuando pensábamos que ya estaba aprendido.
Pero con rutina, supervisión, paciencia y recompensas bien utilizadas, llega un momento en el que dejamos de calcular constantemente cuándo fue la última vez que salió.
El cachorro simplemente lo ha entendido.
Y probablemente descubriremos que aquello que parecía uno de los mayores problemas de sus primeros meses terminó resolviéndose no con castigos ni trucos milagrosos, sino haciendo una cosa bastante sencilla muchas veces bien:
Darle la oportunidad de acertar.











