Errores comunes al educar a un cachorro y cómo corregirlos
Un cachorro puede aprender muy rápido, pero también puede confundirse con la misma facilidad. Hoy nos hace gracia que salte encima, mañana queremos que deje de hacerlo; un día le perseguimos cuando roba un calcetín y al siguiente nos enfadamos porque vuelve a escapar con otro. Muchos problemas de educación no empiezan porque el cachorro sea desobediente, sino porque nuestras normas, tiempos o expectativas no siempre son tan claras como pensamos.
Educar a un cachorro no consiste solo en enseñarle órdenes. Durante sus primeros meses también está aprendiendo qué puede morder, dónde hacer sus necesidades, cómo relacionarse con personas y perros, cuándo debe descansar y qué comportamientos funcionan dentro de casa. Algunos errores que parecen pequeños pueden acabar convirtiéndose en hábitos difíciles de corregir si se repiten durante demasiado tiempo.
Muchos errores de educación aparecen por falta de constancia, normas poco claras o expectativas demasiado altas. Enseñar alternativas y reforzar las buenas decisiones suele ser más eficaz que castigar al cachorro.
Educar a un cachorro suele empezar con una mezcla curiosa de ilusión y desconcierto. Durante los primeros días todo parece relativamente sencillo: duerme mucho, nos sigue por casa y cualquier pequeño avance parece enorme. Después llegan los mordiscos en los pantalones, los charcos donde no deberían estar, los momentos en los que parece haber olvidado su nombre y esa energía repentina justo cuando nosotros queríamos descansar.
El problema no suele ser que el cachorro sea «malo» o «desobediente». Muchas veces somos nosotros quienes, sin darnos cuenta, le damos información contradictoria, esperamos demasiado pronto o intentamos solucionar una conducta sin enseñarle qué queremos que haga en su lugar.
La educación durante esta etapa tiene mucho peso. AVSAB mantiene actualmente que los métodos basados en recompensas deben ser la base del entrenamiento y desaconseja aquellos que recurren al dolor, la intimidación o el miedo. También recuerda que estructura, límites y entrenamiento positivo son perfectamente compatibles: educar con respeto no significa dejar al cachorro hacer lo que quiera.
Los errores más frecuentes de un vistazo
Error
Qué puede ocurrir
Qué hacer en su lugar
Esperar demasiado demasiado pronto
Frustración para ambos
Dividir el aprendizaje en pasos pequeños
Cambiar las normas constantemente
El cachorro no sabe qué conducta funciona
Mantener criterios familiares coherentes
Castigar los accidentes de pis
Puede empezar a esconderse para hacer sus necesidades
Prevenir, supervisar y premiar cuando acierta
Gritar o intimidar
Puede aumentar miedo, estrés o evitación
Enseñar alternativas con refuerzo positivo
Decir «no» continuamente
No aprende qué debería hacer
Indicar y premiar una conducta incompatible
Entrenar durante demasiado tiempo
Pierde atención y aumenta la frustración
Utilizar sesiones cortas
Premiar demasiado tarde
Puede asociar el premio con otra conducta
Reforzar inmediatamente el comportamiento correcto
Confundir socialización con obligarlo a saludar
Puede generar experiencias negativas
Permitir observar y acercarse de forma gradual
Mantenerlo aislado hasta terminar todas las vacunas
Se pierde parte de una etapa importante de socialización
Buscar experiencias seguras siguiendo al veterinario
Reírse de conductas que después estarán prohibidas
Las reglas cambian cuando el perro crece
Decidir desde cachorro qué estará permitido
Perseguirlo cuando roba algo
Puede convertirlo en un juego
Practicar intercambio y «suelta»
Utilizar la llamada solo para terminar cosas divertidas
Acudir deja de resultar atractivo
Premiar muchas llamadas sin finalizar la diversión
No enseñarle a descansar solo
Puede depender constantemente de nuestra presencia
Practicar independencia progresiva
Exponerlo hasta que «se acostumbre»
Puede sensibilizarse todavía más
Trabajar por debajo del nivel de miedo
Castigar un gruñido
Podemos perder una señal de advertencia importante
Investigar por qué necesita marcar distancia
Esperar a que un problema sea grave
Algunas conductas se consolidan
Pedir ayuda profesional pronto
Error 1: esperar que entienda todo demasiado rápido
Un cachorro no llega a casa conociendo nuestras normas.
No sabe que:
el sofá puede estar prohibido,
la alfombra no es un baño,
los zapatos no son juguetes,
la correa no debe morderse,
no se puede saltar sobre las visitas,
ni que «ven» significa exactamente lo mismo cada vez que lo pronunciamos.
Desde nuestra perspectiva parece evidente. Desde la suya, acaba de llegar a un mundo lleno de reglas que nadie le ha explicado todavía.
Uno de los errores más frecuentes consiste en enseñar una conducta dos o tres veces y asumir después que ya la conoce.
Un cachorro puede sentarse perfectamente en la cocina y parecer que ha olvidado completamente el ejercicio cuando salimos al parque. No necesariamente lo ha olvidado: el contexto es diferente y las distracciones son mucho mayores.
Por eso conviene avanzar así:
primero en un ambiente sencillo,
después con pequeñas distracciones,
más adelante en otros lugares,
y finalmente en situaciones cotidianas cada vez más difíciles.
Aprender una señal y generalizarla a distintas circunstancias no son exactamente la misma cosa.
Error 2: que cada persona de la casa tenga unas normas diferentes
Esta situación es extremadamente habitual.
Una persona permite subir al sofá.
Otra lo baja.
Una persona le da comida cuando pone las patas sobre la mesa.
Otra intenta enseñarle que debe sentarse.
Una persona utiliza «abajo» para que se tumbe.
Otra utiliza «abajo» para que deje de saltar.
Y después decimos:
«Este perro hace lo que quiere».
En realidad está intentando descubrir qué comportamiento funciona con cada persona.
La consistencia del cuidador aparece desde hace años como un factor relevante en estudios sobre comportamiento y entrenamiento canino, y AVSAB incluye estructura, rutina y pautas claras dentro del entrenamiento basado en recompensas.
Antes incluso de empezar, resulta útil que la familia acuerde unas pocas normas:
¿Puede subir al sofá?
¿Puede entrar en los dormitorios?
¿Qué palabra utilizaremos para llamarlo?
¿Cómo pediremos que suelte algo?
¿Qué haremos cuando salte?
¿Quién le da comida y cuándo?
No hace falta convertir la casa en una academia militar.
Solo evitar que una conducta sea premiada el lunes y castigada el martes.
Error 3: castigar los accidentes de pis o caca
Encontrar un charco después de haber salido tres veces puede desesperar.
Pero castigar al cachorro cuando encontramos el accidente no le enseña dónde debería haberlo hecho.
Y si lo sorprendemos mientras está orinando y nuestra reacción le da miedo, existe otro riesgo: que aprenda que hacer sus necesidades delante de nosotros es peligroso, no necesariamente que el lugar sea incorrecto.
El aprendizaje higiénico funciona mucho mejor mediante prevención:
sacarlo con frecuencia,
anticiparnos después de dormir, comer o jugar,
supervisarlo,
restringir temporalmente el acceso a zonas donde no podemos vigilarlo,
y premiar inmediatamente cuando hace sus necesidades en el lugar correcto.
Cuando falla, limpiamos.
Cuando acierta, hacemos que acertar merezca la pena.
Error 4: recurrir a gritos, tirones o intimidación
«Solo le he dado un toque.»
«Tiene que saber quién manda.»
«Si no soy duro ahora, luego será peor.»
Estas ideas siguen apareciendo con frecuencia en educación canina, pero no están respaldadas por las recomendaciones actuales de comportamiento veterinario.
AVSAB recomienda entrenamiento basado en recompensas y desaconseja herramientas y técnicas que impliquen dolor, miedo o intimidación, incluidos tirones físicos, collares de castigo, collares eléctricos, gritos y maniobras como los llamados alpha rolls.
La investigación también ha encontrado más conductas relacionadas con estrés y mayores aumentos de cortisol durante el entrenamiento en perros pertenecientes a escuelas que utilizaban más métodos aversivos, frente a perros entrenados principalmente mediante recompensas.
Esto no significa que nunca pongamos límites.
Significa que el límite se enseña.
Si muerde las manos, le enseñamos qué puede morder.
Si salta, reforzamos cuatro patas en el suelo o un sentado.
Si intenta robar comida, gestionamos el entorno y entrenamos autocontrol.
Educar no consiste únicamente en detener conductas; consiste en construir otras mejores.
Error 5: decir «no» para absolutamente todo
No.
No.
¡No!
¡Eso no!
Después de veinte minutos, el cachorro probablemente ha escuchado perfectamente nuestra voz.
Lo que quizá sigue sin saber es qué queremos.
Imaginemos que salta sobre nosotros.
Decimos «no».
Deja de saltar durante medio segundo.
¿Y ahora?
Si no le damos una alternativa, puede volver a hacerlo.
Es mucho más informativo enseñarle:
«siéntate».
O simplemente premiar cuando mantiene las cuatro patas en el suelo.
Lo mismo ocurre con otros comportamientos.
En lugar de:
«No muerdas el sofá».
podemos redirigirlo hacia un mordedor.
En lugar de:
«No corras hacia la puerta».
podemos enseñar una espera.
En lugar de:
«No tires».
podemos reforzar los momentos en los que la correa queda floja.
El cachorro aprende mejor cuando sabe qué conducta produce buenos resultados.
Ofrecer juguetes adecuados y un entorno preparado ayuda a prevenir muchos comportamientos indeseados mientras el cachorro aprende las normas de casa.
Error 6: convertir cada entrenamiento en una clase interminable
Los cachorros no necesitan sesiones de media hora llenas de repeticiones perfectas.
Muchas veces funcionan mejor varios momentos cortos repartidos durante el día.
Podemos practicar:
tres sentados antes de servir la comida,
dos llamadas mientras jugamos,
un intercambio de juguete,
unos segundos de manipulación de patas,
una espera breve antes de cruzar la puerta.
Y terminar.
Entrenar dentro de la vida cotidiana suele ser mucho más útil que concentrar absolutamente todo en una sesión formal.
Además, terminar mientras el cachorro todavía está interesado suele ser mejor que esperar hasta que esté distraído, frustrado o mordiendo cualquier cosa menos aquello que queríamos enseñarle.
Error 7: premiar demasiado tarde
El momento del refuerzo importa muchísimo.
Imagina esta secuencia:
Pedimos «siéntate».
El cachorro se sienta.
Nos levantamos.
Abrimos una bolsa.
Buscamos un premio.
Mientras tanto, se levanta y salta sobre nosotros.
Le damos la comida.
¿Qué comportamiento ha precedido inmediatamente al premio?
No necesariamente el sentado.
Por eso podemos utilizar una palabra corta como:
«sí».
o un marcador previamente condicionado, como un clicker.
El marcador señala el instante exacto en el que aparece la conducta que queremos reforzar. AVSAB incluye expresamente los marcadores verbales o clickers entre las herramientas que pueden utilizarse dentro del entrenamiento basado en recompensas.
Error 8: pensar que socializar significa conocer a todo el mundo
Este es uno de los errores más importantes.
Socializar a un cachorro no significa conseguir que veinte personas lo acaricien cada día.
Tampoco significa soltarlo entre muchos perros y esperar que aprenda.
Una buena socialización implica experimentar de manera segura diferentes:
personas,
animales adecuados,
ruidos,
lugares,
superficies,
objetos,
vehículos,
manipulaciones,
situaciones cotidianas.
Pero sin provocar un nivel de miedo o sobreestimulación excesivo.
La posición de AVSAB sobre socialización señala los primeros tres meses como el periodo principal y recomienda exponer al cachorro de forma segura a experiencias variadas, evitando generar miedo, retirada o evitación.
Un cachorro que observa tranquilamente a una persona con sombrero desde cinco metros puede estar teniendo una experiencia de socialización excelente.
No hace falta que esa persona lo toque.
Socializar también significa poder decir «no»
Si el cachorro se esconde detrás de nuestras piernas y alguien dice:
«Déjamelo, los perros me adoran».
no estamos obligados a entregárselo.
La experiencia pertenece al cachorro, no al desconocido.
Error 9: esperar a tener absolutamente todas las vacunas para empezar la socialización
Aquí necesitamos equilibrio.
No debemos exponer irresponsablemente a un cachorro a lugares con alto riesgo infeccioso.
Pero tampoco es recomendable encerrarlo completamente durante toda la primera etapa de desarrollo.
La posición oficial de AVSAB defiende que la socialización segura comience antes de finalizar completamente la pauta vacunal y señala que las clases adecuadamente gestionadas pueden iniciarse en algunos cachorros desde aproximadamente las 7-8 semanas, bajo determinadas condiciones sanitarias. También recomienda evitar zonas muy transitadas por perros de estado sanitario desconocido, como determinados parques caninos.
Un estudio con cachorros vacunados que asistieron a clases de socialización no encontró mayor frecuencia de infección por parvovirus que en cachorros vacunados que no asistieron.
Pero aquí el veterinario del cachorro debe marcar el nivel de riesgo, porque la situación epidemiológica no es igual en todas las zonas.
Socialización segura puede significar:
ir en brazos a determinados lugares,
observar tráfico desde una distancia tranquila,
conocer perros adultos sanos y compatibles,
escuchar sonidos domésticos,
caminar por superficies privadas y controladas,
viajar en coche,
conocer diferentes personas.
No significa llevarlo inmediatamente al lugar con mayor concentración de perros del barrio.
Error 10: obligarlo a enfrentarse a algo que le da miedo
«Tiene que acostumbrarse.»
Ese razonamiento puede salir muy mal.
Imaginemos un cachorro que tiene miedo al secador.
Lo encendemos a máxima potencia a su lado durante diez minutos esperando que deje de reaccionar.
Puede ocurrir lo contrario: cada vez puede preocuparle más.
AVSAB distingue la desensibilización gradual de la exposición excesiva o flooding. En un trabajo bien planteado, la intensidad aumenta progresivamente mientras el perro sigue sintiéndose suficientemente seguro.
Con el secador podríamos empezar:
apagado y lejos,
después verlo de cerca,
después escucharlo desde otra habitación,
más tarde a baja intensidad y distancia,
y continuar según la respuesta del cachorro.
No tenemos prisa.
Preparar un espacio seguro facilita la supervisión del cachorro y reduce las oportunidades de morder, romper o ingerir objetos peligrosos.
Error 11: pensar que todos los mordiscos son agresividad
Un cachorro explora mucho con la boca.
También juega, prueba texturas y atraviesa una etapa en la que la dentición puede incrementar la necesidad de morder.
Eso no significa que debamos permitir que nos haga daño.
Pero gritarle, sujetarle el hocico o castigarlo físicamente tampoco es la solución recomendada dentro de un enfoque de entrenamiento basado en recompensas.
Podemos trabajar con:
mordedores apropiados,
juguetes,
pausas cuando el juego se descontrola,
descanso,
redirección,
y refuerzo de interacciones más tranquilas.
También conviene preguntarse algo que a menudo olvidamos:
¿está cansado?
Hay cachorros que se transforman en pequeñas pirañas cuando llevan demasiado tiempo activos.
Error 12: reírnos ahora de algo que no querremos cuando pese 30 kilos
Un cachorro de ocho kilos salta y parece adorable.
Seis meses después pesa treinta.
Y entonces decidimos que saltar está prohibido.
Desde el punto de vista del perro, la situación es extraña.
La misma conducta que provocaba risas y caricias de repente provoca enfado.
Lo mejor es imaginar desde el principio al perro adulto.
¿Nos parecerá bien que:
salte sobre las visitas?
duerma en nuestra cama?
pida comida en la mesa?
suba al sofá?
tire para saludar perros?
Si la respuesta es sí, perfecto.
No hay una única manera correcta de convivir con un perro.
El problema aparece cuando las normas cambian sin haberle enseñado la nueva conducta.
Error 13: perseguirlo cuando roba algo
Coge un calcetín.
Nos mira.
Corremos hacia él.
Él corre.
Nosotros detrás.
Probablemente acabamos de inventar el mejor juego de la tarde.
Además, si siempre le arrancamos objetos de la boca, algunos perros pueden empezar a alejarse cuando encuentran algo valioso.
Resulta mucho más útil enseñar un intercambio.
Tiene el calcetín.
Mostramos algo mejor.
Cuando suelta:
marcamos,
recompensamos,
retiramos el calcetín.
Después podemos practicar «suelta» con objetos seguros y de poco valor.
Importante
Si ha cogido algo potencialmente tóxico, cortante o peligroso, la prioridad deja de ser el entrenamiento.
Hay que retirar el riesgo de la manera más segura posible y buscar atención veterinaria cuando pueda haber ingestión o lesión.
Error 14: estropear la llamada sin darnos cuenta
«¡Toby, ven!»
Toby llega.
Le ponemos la correa.
Se termina el parque.
Al día siguiente:
«¡Toby, ven!»
Llega.
Lo metemos en casa.
Otro día:
«¡Toby, ven!»
Llega.
Le limpiamos las orejas, algo que no le gusta.
Después de suficientes repeticiones, Toby puede empezar a pensar:
«Cuando voy, se termina lo bueno».
La llamada debería construirse como una señal extraordinariamente valiosa.
Muchas veces podemos llamarlo:
premiar,
y dejarlo volver a jugar.
También debemos evitar repetir:
«ven, ven, ven, ven, ven, ¡VEN!»
Si sabemos que en ese momento las posibilidades de éxito son mínimas.
Cuanto más practicamos una señal en situaciones manejables y la reforzamos bien, más sólida puede hacerse.
Error 15: pretender que obedezca rodeado de estímulos cuando todavía no sabe hacerlo en casa
El cachorro se sienta perfectamente en el salón.
Vamos a una terraza llena de personas, perros, camareros, platos y olores.
Pedimos «siéntate».
Nada.
«¡Pero si en casa lo hace!»
Exacto.
En casa.
Ahora estamos intentando el mismo ejercicio en el equivalente canino a un parque de atracciones.
Cuando aumentamos una dificultad, podemos reducir otras.
Si el entorno es mucho más complicado:
pedimos algo sencillo,
aumentamos el valor de las recompensas,
damos más distancia,
o simplemente permitimos que observe.
No todo momento debe convertirse en un examen.
Error 16: no enseñarle a quedarse solo
Durante la primera semana alguien está con él constantemente.
Durante la segunda también.
El cachorro duerme encima de nosotros, nos acompaña al baño y sigue cada movimiento.
Después llega el lunes y debe quedarse tres horas solo.
El problema no es haberle dado cariño.
El problema es haber pasado de presencia permanente a una separación muy grande sin entrenamiento intermedio.
La propia posición de AVSAB sobre socialización recomienda reservar momentos en los que el cachorro juegue solo con objetos adecuados o descanse en zonas seguras, como parte del aprendizaje de independencia.
Quedarse solo debe aprenderse gradualmente:
segundos,
pequeñas separaciones dentro de casa,
salidas breves,
y aumentos adaptados a la respuesta del cachorro.
Cada cachorro aprende a un ritmo diferente; la constancia, unas normas claras y el refuerzo de las buenas conductas son más importantes que avanzar deprisa.
Error 17: querer solucionar con entrenamiento lo que podría prevenirse con el entorno
Hay una etapa en la que gestionar la casa es educación.
Si dejamos:
cinco zapatos,
un cargador,
dos mandos,
una planta,
una bolsa de basura,
y comida al alcance,
no estamos ofreciendo una prueba de inteligencia.
Estamos colocando demasiadas oportunidades para equivocarse.
AVSAB incluye explícitamente el manejo del entorno y de los antecedentes dentro de los planes de entrenamiento y modificación de conducta.
Podemos utilizar:
barreras,
puertas,
parques para cachorros,
cajones,
armarios,
zonas seguras,
correas domésticas bajo supervisión cuando sean apropiadas,
y objetos adecuados para morder.
Prevenir veinte errores puede resultar más útil que corregir veinte veces.
Error 18: confundir miedo con «terquedad»
Un cachorro se detiene delante de una escalera.
No quiere avanzar.
Tiramos de la correa.
«Vamos, no seas cabezota».
Pero puede que no esté siendo terco.
Quizá:
nunca haya visto esas escaleras,
le preocupe la superficie,
haya tenido una mala experiencia,
el ruido del lugar lo asuste,
o simplemente necesite unos segundos.
Observar el lenguaje corporal cambia mucho nuestra interpretación.
Bajar el cuerpo, retirarse, esconderse, evitar acercarse o mostrar tensión pueden ser señales de que la situación está superando al cachorro. La posición de socialización de AVSAB insiste precisamente en evitar experiencias que provoquen miedo excesivo, retirada o evitación.
Error 19: castigar el gruñido
El gruñido incomoda.
Y es comprensible.
Pero también contiene información:
el perro está diciendo que algo le preocupa, le duele, le asusta o necesita distancia.
Castigar la comunicación sin comprender su causa no soluciona necesariamente la emoción que hay debajo.
Ante un cachorro que empieza a gruñir en situaciones concretas —por comida, manipulación, descanso, acercamiento de personas o perros— conviene analizar el contexto y pedir ayuda profesional si el comportamiento se repite o aumenta.
AVSAB recomienda que los problemas de agresividad se trabaje mediante métodos humanos y basados en evidencia, y que los casos difíciles sean derivados a profesionales cualificados o veterinarios especializados en comportamiento.
Error 20: comparar continuamente a nuestro cachorro con otro
«El perro de mi hermano con tres meses ya daba la pata.»
«El de Instagram camina perfecto.»
«Su hermano de camada no tiene miedo.»
No sabemos qué entrenamiento, genética, experiencias ni temperamento hay detrás de esas comparaciones.
Incluso los estudios sobre clases para cachorros muestran resultados poblacionales, no garantías sobre el comportamiento futuro de cada individuo. Algunos trabajos han encontrado asociaciones entre asistir a clases y mejores respuestas a determinadas órdenes o comportamientos posteriores, pero ningún programa convierte automáticamente a todos los cachorros en perros idénticos.
Nuestro punto de comparación debería ser principalmente el propio cachorro:
¿hace hoy algo que hace dos semanas no podía hacer?
Eso es progreso.
Error 21: intentar corregir absolutamente todo a la vez
Pis.
Mordiscos.
Correa.
Sentado.
Quieto.
Llamada.
Cama.
No saltar.
Quedarse solo.
Socialización.
Manipulación.
Coche.
En algún momento el cachorro también necesita simplemente ser cachorro.
Podemos establecer prioridades.
Primero: seguridad
Evitar escapes, ingestiones, accidentes y situaciones peligrosas.
Las sesiones breves, claras y acompañadas de recompensas permiten enseñar nuevas conductas sin convertir el entrenamiento en una experiencia frustrante.
Después: convivencia básica
Higiene, descanso, mordedores, rutinas y pequeñas normas domésticas.
Después: habilidades útiles
Llamada, caminar, soltar, esperar, permanecer tranquilo y aceptar manipulaciones.
Mientras tanto continuamos con una socialización bien planteada.
No tenemos que conseguir un perro perfectamente educado antes de que cambie los dientes.
Error 22: entrenar únicamente cuando el cachorro hace algo mal
Hay una oportunidad educativa que pasa desapercibida cientos de veces:
el cachorro haciendo exactamente lo que queremos sin que nadie se lo haya pedido.
Está tumbado tranquilamente.
Premio.
Ve pasar a alguien y no salta.
Premio.
Nos mira mientras pasea.
Premio.
Decide morder su juguete en lugar del mueble.
Perfecto.
No esperemos siempre al problema para empezar a interactuar.
Podemos «capturar» buenas decisiones.
AVSAB incluye precisamente la captura, el moldeado y el guiado entre las técnicas compatibles con entrenamiento basado en recompensas.
Una pequeña historia que resume muchos errores
Imaginemos un cachorro ficticio llamado Leo.
Leo llega a casa con nueve semanas.
El primer día salta sobre todos y la familia se ríe.
El segundo roba una zapatilla y juegan a perseguirlo.
Durante una semana duerme siempre acompañado.
Cuando hace pis dentro, alguna vez recibe un grito.
Cuando conoce perros, todos permiten que se le acerquen porque «tiene que socializar».
A las doce semanas:
salta constantemente,
huye con cualquier objeto,
empieza a esconderse para hacer pis,
no sabe quedarse solo
y se esconde detrás de su familia cuando aparecen perros demasiado efusivos.
Nada de esto significa que Leo sea un mal perro.
Simplemente ha aprendido exactamente de las experiencias que ha tenido.
Ahora cambiamos el plan.
Premiamos cuatro patas en el suelo.
Intercambiamos objetos en lugar de perseguirlo.
Anticipamos sus necesidades de eliminación.
Practicamos pequeños momentos de independencia.
Le permitimos observar perros desde una distancia donde esté tranquilo.
No necesitamos «mostrarle quién manda».
Necesitamos hacer que las reglas empiecen a tener sentido.
¿Qué debería aprender realmente un cachorro durante sus primeros meses?
Más que acumular trucos, hay habilidades que pueden facilitar enormemente su vida adulta:
Prestar atención a su persona.
Responder a su nombre.
Acudir cuando se le llama.
Poder soltar objetos.
Aceptar una correa.
Descansar.
Quedarse solo progresivamente.
Hacer sus necesidades en el lugar adecuado.
Manipular patas, orejas y boca de manera gradual.
Poder observar personas y perros sin tener que interactuar siempre.
Recuperarse después de pequeñas novedades.
Jugar sin hacerse daño.
Saber qué objetos puede morder.
Sentirse seguro aprendiendo.
Las clases de cachorros bien planteadas pueden contribuir al entrenamiento y la socialización, y diferentes estudios han encontrado asociaciones entre su asistencia y determinadas mejoras posteriores de obediencia o comportamiento.
Cuándo merece la pena buscar ayuda profesional
No hace falta esperar a tener un problema enorme.
Consulta con tu veterinario o con un profesional cualificado en comportamiento cuando aparezcan, entre otras situaciones:
Miedo muy intenso.
Gruñidos o intentos de morder repetidos.
Protección de comida u objetos que aumenta.
Pánico al quedarse solo.
Incapacidad para recuperarse después de determinados estímulos.
Reacciones extremas hacia personas o perros.
Cambios repentinos de comportamiento.
Conductas que puedan estar relacionadas con dolor o enfermedad.
AVSAB recomienda evaluación veterinaria cuando existen problemas importantes de miedo, agresividad, ansiedad por separación u otros trastornos de conducta, tanto para plantear el tratamiento correcto como para descartar posibles factores médicos.
El cachorro no necesita un dueño perfecto
Educar bien no significa no equivocarse nunca.
Algún día premiaremos tarde.
Otro día repetiremos una orden demasiado.
Quizá nos enfademos después de limpiar el cuarto charco de la mañana.
Eso forma parte de convivir con un animal joven.
Lo importante es la tendencia general.
Ser claros.
Ser coherentes.
Prevenir cuando podamos.
Premiar aquello que queremos volver a ver.
Reducir la dificultad cuando algo le supera.
Y entender que la educación no debería basarse en ganar una batalla contra el cachorro.
Un cachorro no está intentando tomar el control de nuestra casa. Está aprendiendo cómo funciona.
Cuando cambiamos esa perspectiva, muchos de los problemas que parecían desafíos personales empiezan a verse de otra manera. Ya no pensamos «¿cómo hago para que deje de hacer esto?», sino:
«¿qué quiero que haga en su lugar y cómo puedo enseñárselo?»
Esa pregunta suele ser un punto de partida mucho mejor para criar un perro seguro, manejable y preparado para convivir con nosotros durante muchos años.
📚 Fuentes consultadas
1.
AVSAB — Sociedad Americana de Veterinarios del Comportamiento Animal — Declaraciones de posición sobre comportamiento y educación (ver fuente) · Consultado: 2026-08-26
Referencia sobre educación con refuerzo positivo y errores frecuentes a evitar.
2.
AAHA — Asociación Americana de Hospitales de Animales — Recursos y guías para el cuidado de mascotas (ver fuente) · Consultado: 2026-08-26
Referencia general sobre educación y socialización del cachorro.
3.
American Kennel Club (AKC) — Consejos de expertos sobre razas, educación y comportamiento (ver fuente) · Consultado: 2026-08-26
Consejos divulgativos sobre educación temprana del cachorro.